Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 7 de abril del 2026.

​Lo que nació como la gran promesa de modernidad para el transporte público en el sur de Veracruz, ha terminado estrellándose de frente contra la realidad laboral en menos de una semana.

El arranque de los autobuses Quetzalli, encabezado con bombo y platillo por la gobernadora Rocío Nahle, hoy no es noticia por su eficiencia, sino por el motor detenido de sus unidades y el grito de auxilio de quienes las conducen ante las inhumanas condiciones laborales a las que son sometidos por un sujeto sin dignidad y sin escrúpulos.

​Apenas hace unos días,-26 de marzo-el malecón de Coatzacoalcos se vestía de gala, el “banderazo” de salida de estas unidades simbolizaba el inicio de una era de “transporte digno”, sin embargo, detrás de la parafernalia del brillo de la pintura nueva y el corte de listón, se escondía un fideicomiso opaco, y una gestión humana que parece sacada de los tiempos más oscuros de la explotación obrera.

​Es aquí donde el nombre de Juan Enrique Santos Mendoza cobra una relevancia incómoda, el dirigente de la CATEM y ex diputado por Fuerza por México —personaje cercano a Pedro Haces— pasó rápidamente de la primera fila en la foto oficial al silencio absoluto tras el escritorio mientras las unidades se paralizan junto a los operadores, irónico, por no decir cínico, que quien ostenta la bandera de un “sindicato autónomo” y de “vanguardia”, sea hoy señalado por sus propios agremiados como un “negrero”.

​Las denuncias de los operadores no son menores, hablamos de jornadas de más de 15 horas continuas de trabajo bajo condiciones que rayan en lo inhumano, con sueldos de miseria, imagínese, 500 pesos por jornadas agotadoras que no cubren ni lo básico en la economía actual, además de privación de derechos básicos como el hecho de que no tienen permitido siquiera detenerse para ir al baño, una clara violación a la dignidad laboral.

​La crisis del “moderno” transporte Quetzalli no solo afecta la movilidad de los ciudadanos, sino que representa un costo político directo para la administración estatal qué tuvo buena iniciativa pero que, al colocar a personajes con antecedentes más políticos que técnicos al frente de proyectos críticos, corre el riesgo de que la “transformación” sea solo estética, o sea, de dientes para afuera.

Si la gobernadora Rocío Nahle no sabía de las condiciones en que operarían los chóferes, significa que la gente de su confianza le están entregando intencionalmente mala información, lo cual es aún más grave.

​Finalmente, un proyecto de transporte no puede ser exitoso si se construye sobre la explotación de su fuerza laboral, Juan Enrique Santos Mendoza ha quedado a deber, no solo a la gobernadora-a quien deja en una posición vulnerable frente a la opinión pública-sino a los trabajadores que confiaron en una mejora que resultó ser un retroceso.

​Coatzacoalcos, en pocas palabras, no necesita más “espejismos sobre ruedas”, necesita transparencia en sus fideicomisos y, sobre todo, que la dignidad de quienes mueven la ciudad deje de ser la moneda de cambio para los negocios políticos de unos cuantos, si el transporte Quetzalli quiere volver a rodar, primero deberá limpiar la mancha de la injusticia laboral que hoy lo mantiene paralizado. Al tiempo.