El nuevo gobierno de Estados Unidos comenzó hace 28 días una cacería sin tregua para detener al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo acusa de narcoterrorismo, de liderar el Cártel de los Soles y de estar en contubernio con la organización criminal el Tren de Aragua.
La Casa Blanca anunció, el 29 de julio, que elevaba la recompensa ofrecida por Maduro en 2020: de 15 millones de dólares a 25 mdd por información que conduzca a la captura del venezolano, quien tiene más de 12 años en el poder que le heredó su mentor, Hugo Chávez.
Karoline Leavitt, vocera del gobierno de Donald Trump, recordó que el chavista es un pájaro de cuenta para Estados Unidos, porque al final del primer mandato del magnate le fincaron cargos al venezolano por narcotráfico y se le acusó de colaborar con las FARC en el trasiego de droga hacia EU.
En su segundo gobierno, Trump decidió no darle tregua al chavista y apretó el cerco, el 7 de agosto. Solo 10 días después de su segunda oferta, la fiscal general Pam Bondi dobló la recompensa por Maduro, esta vez por la nada despreciable suma de 50 millones de dólares.
La cifra que marca la cacería sin cuartel de Trump para arrinconar a Maduro, es un monto similar a lo que se ofreció por el terrorista Osama bin Laden, jefe de Al-Qaeda y autor intelectual del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York.
Por si fuera poco, el 8 de agosto el jefe de la Casa Blanca firmó, según The New York Times, una orden clasificada dirigida al Pentágono para que comenzara a emplear fuerza militar contra los cárteles de la droga en América Latina catalogados como terroristas.
Una semana más tarde, el 15 de agosto, la Marina de EU confirmó el despliegue hacia sur del Caribe del Grupo Anfibio Iwo Jima, integrado por el buque de asalto USS Iwo Jima y los transportes USS Fort Lauderdale y USS San Antonio, junto con la 22.ª Unidad Expedicionaria de Infantes de Marina.
El 18 de agosto, los destructores USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson estaban en ruta hacia aguas del Caribe “próximas a Venezuela”. El despliegue incluye, unos 4 mil marinos e infantes de Marina, varios aviones de patrulla marítima P-8 y un submarino de ataque, con el fin de interceptar cargamento de droga. Ese mismo día, Maduro decidió subirse a la guerra de amenazas con Washington y anunció la movilización de 4.5 millones de milicianos en respuesta a los amagos de Trump, que dicho sea de paso, muchos de esos reservistas sonde la tercera edad. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, no quitó el dedo del renglón con el cerco al asegurar, el 19 de agosto, que EU está decidido a utilizar “todo su poder” para frenar el tráfico de drogas desde Venezuela. Y reiteró que Maduro es un narco y líder fugitivo del Cártel de los Soles”. Con el miedo a flor de piel, Maduro prohibió, el 19 de agosto, la adquisición, venta y operación de drones en el espacio aéreo venezolano, la media por 30 días y es prorrogable. Mientras, el ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello, es considerado también por Estados Unidos como otro de los líderes del Cártel de los Soles, por eso fue colocado entre sus prioridades, el 20 de agosto, y tasada su cabeza por 25 millones de dólares, acusado de una conspiración narcoterrorista en contubernio con la disidencia de las FARC. El heredero de Hugo Chávez decidió apretar el paso, convocó a la unidad y protección de su gobierno y de su persona al pronunciar un discurso en el Parlamento transmitido en cadena nacional, el viernes 22 de agosto. Denunció que Estados Unidos está intentado en Venezuela “un cambio de régimen”. Maduro acusó al gobierno de Trump de orquestar un zarpazo terrorista militar que es inmoral, criminal e ilegal contra la república bolivariana”.
Añadió que “Este es un tema de la paz, del derecho internacional, de América Latina y el Caribe, porque si agrede a uno agrede a todos”.
Aunque vecinos, como Paraguay, condenan al Cártel de los Soles como grupo terrorista, una postura similar adoptó el gobierno de Ecuador. De hecho potencias aliadas del régimen de Venezuela, o sea China y Rusia no han mostrado interés de apoyo a Maduro Ese día, Maduro citó en el Parlamento fragmentos de una proclama del expresidente Cipriano Castro (1902), lo que desató confusión en redes sociales y dio origen a rumores sobre una supuesta liberación de todos los presos políticos y una eventual renuncia al poder. Maduro utilizó el texto histórico para trazar un paralelismo con las tensiones actuales, particularmente tras el despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe. Evocó la proclama de Castro, en la que este, en medio de una crisis nacional, ofrecía su renuncia y ordenaba abrir las cárceles como un gesto de reconciliación patriótica. Su vecino el presidente de Colombia, Gustavo Petro, descongeló las relaciones con el régimen de Maduro tras asumir el poder, pero parece que eso se acabó, un día después de un doble atentado contra el Ejército colombiano atribuido a la disidencia de las FARC, el chavista perdió otro amigo. El 23 de agosto, apareció en Cúcuta, frontera entre Colombia y Venezuela, un cartel espectacular que promociona las recompensas ya mencionadas por Maduro y Cabello, lo que evidencia que la DEA está en territorio colombiano con la anuencia de Petro. Parece que las opciones para Maduro se reducen a una posible entrega voluntaria, a una posible traición de sus allegados o una remota intervención de Estados Unidos.