En la historia compartida entre México y Estados Unidos, la palabra “invasión” no es un concepto ligero. Mientras que hoy el debate político en Washington se reaviva con propuestas de incursiones contra organizaciones criminales, la memoria colectiva de México guarda cicatrices de episodios donde las botas estadounidenses pisaron suelo nacional con objetivos que fueron desde la conquista territorial hasta la persecución de caudillos

A continuación, analizamos los tres momentos clave que definieron la relación bilateral y por qué el contexto de 2026 reactiva viejas alarmas.

1) 1846–1848: la invasión que redibujó el mapa

La guerra entre Estados Unidos y México (1846–1848) es el episodio central: tropas estadounidenses entraron por el norte y por el Golfo, avanzaron hasta la capital y forzaron un tratado de paz con cesión territorial.

Punto de quiebre: el desembarco anfibio en Veracruz (marzo de 1847), seguido por la campaña que culminó con la toma de Ciudad de México en septiembre de 1847 (operación asociada a Winfield Scott).

El cierre jurídico fue el Tratado de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848): México cedió alrededor de 55% de su territorio (incluyendo lo que hoy son California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de otros estados) y reconoció el Río Bravo como frontera de Texas.

Tendencia histórica clave: esta guerra sigue siendo la referencia inevitable cada vez que en EE.UU. se plantea “usar fuerza” en México: es el antecedente de una intervención que cambió fronteras y memoria nacional.

2) 1914: ocupación de Veracruz en plena Revolución Mexicana

Durante la Revolución, EE.UU. ocupó Veracruz tras una crisis diplomática con el gobierno de Victoriano Huerta. La ocupación se extendió aproximadamente de abril a noviembre de 1914 y fue ejecutada por fuerzas navales y marines.

Fue una intervención de alto impacto simbólico y político: una ocupación portuaria, no una campaña para tomar el país, pero sí una acción militar directa sobre territorio mexicano.

3) 1916–1917: la Expedición Punitiva contra Pancho Villa

En marzo de 1916, tras el ataque de fuerzas de Francisco “Pancho” Villa a Columbus, Nuevo México, Washington lanzó la Expedición Punitiva: tropas al mando de John J. Pershing ingresaron a México y operaron durante meses buscando capturar a Villa. El episodio tensó al máximo la relación con el gobierno de Venustiano Carranza y estuvo cerca de escalar a guerra abierta.

Este capítulo es crucial porque fija el precedente de una intervención con el argumento de seguridad fronteriza: un marco que hoy vuelve a aparecer en el debate político estadounidense.

4) 2025–2026: la “invasión” como idea política, no como hecho consumado

En los meses recientes, el tema resurgió por propuestas y reportes sobre posibles acciones militares de EE.UU. contra organizaciones criminales en México. La presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado públicamente cualquier intervención y ha reiterado el principio de no injerencia.

Un reporte del Congreso de EE.UU. sobre cooperación en seguridad muestra que el debate en Washington incluye revisar lecciones de iniciativas previas (como Mérida) y el alcance de herramientas de “seguridad” frente a cárteles, aunque eso no equivale automáticamente a una operación militar en México.

Lo que une a los tres episodios históricos

  • 1846–1848: expansión territorial y guerra estatal formal.
  • 1914: presión geopolítica en coyuntura revolucionaria y control de un puerto clave.
  • 1916–1917: persecución “antiamenaza” y seguridad fronteriza, con incursión prolongada.

En 2026, el tema vuelve con un giro: no por una movilización confirmada, sino por retórica, propuestas y tensiones que reactivan viejas memorias. Y en esa conversación, el pasado importa: las “invasiones” de ayer funcionan como advertencia política hoy.