Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 11 de febrero del 2026.

​La visita de la gobernadora Rocío Nahle a Coatzacoalcos dejó un sabor agridulce, la promesa de un nuevo C-5, y el refuerzo de la seguridad estatal suena a un verdadero interés por resolver este grave problema, sin embargo, la realidad en el sur de Veracruz grita que los discursos ya no bastan.

El gobierno intenta controlar las cifras y el horror que se vive en muchos municipios del norte, centro y sur, pero el hallazgo en Jáltipan de fosas clandestinas nos recuerda que los grupos criminales actúan con mucha impunidad, y que estos, pese a que la gobernadora dice que Veracruz es de los veracruzanos, son los verdaderos dueños de los territorios.

El “descubrimiento” de ​lo que ocurre en Jáltipan con las fosas clandestinas, no sólo puede catalogarse como una tragedia humanitaria, nos habla de la omisión y la irresponsabilidad de las autoridades municipales, resulta alarmante e insultante qué, desde el alcalde, el regidor o síndica, pasando por el director de la policía, o quien tenga esta comisión de seguridad, desconozca sobre lo que ahí sucede con el crimen organizado, es ingenuo pensar qué nadie sabe nada.

De nada sirve el voto ciudadano si el presidente municipal, policía, o ediles de un municipio miran hacia otro lado mientras la tierra se llena de cuerpos, porque ha trascendido, presuntamente qué, aparte de los 3 primeros cuerpos localizados en 2 predios de este municipio, pudieran existir más personas enterradas.

La seguridad pública municipal no debe seguir siendo un simple nombre, un presidente municipal no debe estar como un florero, pensando únicamente en cómo enriquecerse, tiene la obligación primaria de proteger la vida de las personas, que en Jáltipan “ninguna autoridad supiera nada” llena de coraje a los ciudadanos, hay una incapacidad absoluta que raya en lo criminal, o lo peor, que existe complicidad para proteger a las células delictivas.

​El reciente “levantón” de 2 personas en el Fraccionamiento Los Mangos, en Cosoleacaque, donde una víctima logró escapar solo para morir tras señalar-al parecer-su lugar de cautiverio, nos obliga a mirar a las épocas más oscuras de Fidel Herrera y Javier Duarte, pensábamos que esos tiempos de “Estado fallido” habían quedado atrás, pero la saña y la libertad con la que operan los captores sugieren que la delincuencia organizada se siente cómoda en Veracruz.

​La gobernadora afirma-no tendríamos porqué no creerle-que se ha duplicado el personal de seguridad y que la coordinación con las fuerzas federales es estrecha, sin embargo, los resultados nos obliga a pensar si realmente están haciendo su trabajo, porque en los secuestros y “levantones” qué cada día se hacen más cotidianos, se siguen perdiendo vidas.

Ahora bien, la construcción de un C-5 anunciado por la gobernadora Rocío Nahle, está bien, pero de nada sirve si en estas instalaciones se cometen atropellos inhumanos, ahí está el caso denunciado públicamente por el vicepresidente de la Federación de Abogados en la zona sur, Alfredo Zapata, respecto a la detención de una persona, a quien torturaron en el C-4.

Señala el abogado Zapata que, a su cliente le sembraron drogas y lo señalaron de narcomenudista, siendo vinculado a proceso, posteriormente fue liberado al acreditarse la tortura y la violación a sus derechos humanos, en pocas palabras, la policía no debe refugiarse aquí para cometer ilegalidades, señora gobernadora, esto no debe suceder, ya tiene usted suficiente con la delincuencia organizada.

Se necesita el C-5, si, pero también se necesita voluntad política, se necesitan cámaras, si, sin duda, pero también se necesita limpiar a las corporaciones policíacas, y se necesita que cada alcalde asuma su responsabilidad, se necesita un golpe real a la impunidad para terminar con el miedo.

En fin, ​mientras el sur se desangra, ¿dónde están nuestros representantes? Los legisladores locales y federales parecen haber olvidado que su labor de supervisión es fundamental para que los alcaldes rindan cuentas y no se desvíen, hoy la prioridad para los diputados no es la seguridad, sino la supervivencia política a través de la reelección para seguir gozando de los privilegios que otorga el Poder. Al tiempo.