Hace casi cuatro décadas, el sarampión marcó uno de los episodios más dolorosos para la salud pública en el estado de Veracruz. En 1989, durante un brote que circuló con fuerza en varias regiones del país, las autoridades y la sociedad veracruzana enfrentaron una emergencia sanitaria que cobró la vida de 26 niños en la entidad, según registros periodísticos de la época.

Aquel episodio dejó una huella profunda en la memoria colectiva de Veracruz: familias enteras atravesaron la enfermedad, hospitales se vieron saturados y la falta de cobertura de vacunación completa entre la infancia fue señalada como uno de los factores que facilitó la propagación. La noticia se conservó en archivos impresos como un recordatorio de la letalidad que puede tener este virus cuando la inmunización no alcanza niveles óptimos en la población.

Tras ese suceso, durante los años noventa y con los esfuerzos del Programa Nacional de Vacunación en México, el sarampión pasó de ser una amenaza recurrente a una enfermedad prácticamente controlada en Veracruz y en gran parte del país. La introducción y expansión de la vacuna tríplice viral (Sarampión, Rubéola y Paperas) contribuyó a contener brotes, reduciendo drásticamente el número de casos y muertes asociadas en las décadas siguientes.

Sin embargo, el contexto actual ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de la vigilancia epidemiológica. En 2025-2026 se reporta un brote nacional de sarampión que ha hecho que ya se registren casos también en Veracruz: las autoridades sanitarias han confirmado más de una veintena de contagios en la entidad durante este año y han activado campañas de vacunación para frenar su avance.

Aunque hasta ahora no se han reportado muertes en Veracruz durante este nuevo repunte, la aparición de casos tras años de ausencia prolongada de mortalidad local subraya la fragilidad de la inmunidad colectiva cuando la cobertura de vacunación disminuye. La historia de 1989 actúa hoy como un recordatorio de lo que puede ocurrir si no se mantiene la prevención, especialmente entre niñas y niños que no han completado sus esquemas de vacunación.

Expertos en salud pública coinciden en que mantener altos niveles de vacunación y vigilancia es fundamental para evitar que un pasado como el de hace 37 años se repita. El brote nacional actual, aunque con menos desenlaces fatales hasta el momento, se presenta como una oportunidad para reforzar esos sistemas de prevención y recordar a la población la importancia de las inmunizaciones.