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Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 6 de abril del 2026.

​Lo que ocurre en las costas de Pajapan, Tatahuicapan, y Mecayapan, no es tan solo un desastre ecológico; es el retrato crudo de la indiferencia institucional, porque mientras el discurso oficial pregona diariamente la protección de la soberanía energética, la realidad en las playas veracruzanas cuenta una historia muy diferente.

Tortugas muertas, lagunas contaminadas y miles de familias que han visto cómo su sustento se disuelve entre el “goteo” del hidrocarburo, es la cruda realidad de hoy.

​Ha pasado más de un mes desde que el crudo comenzó a invadir estas costas, 30 días en los que el ecosistema ha librado una batalla perdida, las imágenes de este domingo, con pescadores y gente que vive del turismo, marchando y exigiendo ayuda, y denunciando al mismo tiempo el hallazgo de más fauna marina sin vida, son el testimonio de una atención de emergencia que nunca llegó.

​Es alarmante que en pleno 2026, los protocolos de contención de daños de las empresas paraestatales y las autoridades ambientales sigan siendo tan lentos, no estamos ante un “incidente aislado”, sino ante una cadena de omisiones que hoy tiene a tres municipios del sur, incluyendo a Coatzacoalcos, contra las autoridades omisas e irresponsables.

​Cuando se habla de contaminación se dan muchas cifras, pero más allá de ello, el impacto aquí, en estas zonas turísticas, es tangible y doloroso, la aparición de tortugas y peces muertos es solo la punta del iceberg de un daño sistémico a la biodiversidad local, para los prestadores de servicios y pescadores, la playa es su herramienta de trabajo porque de aquí provienen sus ingresos.

Además, la presencia prolongada de hidrocarburos en lagunas y zonas de pesca representa un peligro latente para la salud pública de las comunidades indígenas y rurales de la Sierra de Soteapan, por ello, la marcha de los pescadores no es sólo una exigencia de limpieza, es un grito por justicia, no basta con enviar cuadrillas de limpieza superficial cuando la marea vuelve a traer el veneno al día siguiente.

¿De dónde sigue brotando el crudo? Se necesita indemnizaciones directas a quienes han perdido su capacidad productiva, pero también un monitoreo ambiental independiente, no se puede ser juez y parte cuando la salud del golfo de América-antes golfo de México- está en juego.

​Finalmente, la “atención urgente” que exigen los pobladores de la zona sur es tardía, cada día que el hidrocarburo permanece en la laguna de Pajapan o en las costas de Mecayapan, o en las de Tatahuicapan, se firma una sentencia de muerte para el futuro de la región, el gobierno y las instancias responsables como la Procuraduría del Medio Ambiente, deben entender que la soberanía no se defiende solo con discursos, sino protegiendo la tierra y la vida de quienes la habitan.

Por cierto, la mancha negra de la dirigencia nacional del Partido Verde Ecologista de México, Arturo Escobar, del estatal, Edgar Herrera Lendechy, y de sus legisladores a nivel federal, y local, así como de sus regidores disfrazados de ecológicas en muchos municipios, se ha convertido en la más difícil de limpiar.

¿Dónde está el senador Manuel Velasco Coello, el diputado federal, Javier Herrera Borunda, el local, Carlos Marcelo Ruiz, o el regidor de Minatitlán, Luis Alberto Escamilla Ortiz?