Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 8 de abril del 2026.
La política en el sur de Veracruz siempre ha sido semi-lenta, pero lo que hoy está sucediendo en Acayucan, La Llave del Sureste, no es un simple chispazo de descontento; es un incendio provocado por la miopía del Poder de quien siente ser parido por los dioses, a escasos 3 meses de haber iniciado la gestión, el gobierno de Raúl David Salomón-irónicamente apodado por el clamor popular como “El Rey Salomón”-parece haber olvidado que en democracia la corona es prestada, y el Poder no es eterno.

El conflicto central es el intento de controlar los procesos democráticos más básicos, por ello, las comunidades de Monte Grande, Cuadra I, Piña, Colonia Hidalgo, Paso Limón, San Ángel y San Luis, no llegaron al Palacio Municipal por mero capricho, su exigencia es clara y legítima, quieren autonomía porque los cacicazgos ya “desaparecieron”.

Cuando un alcalde “mete las narices” en un proceso, en este caso, la elección de agentes y subagentes municipales, no está buscando gobernabilidad, está buscando subordinación al vulnerar la decisión de los pueblos para elegir a sus representantes directos, tal acción retrógrada del alcalde Raúl David Salomón rompe el contrato social primario, y demuestra un profundo miedo al escrutinio social y al criterio ciudadano.
La ironía del apodo “Salomón” se vuelve hoy una tragedia administrativa, porque mientras el referente bíblico destacaba por su sabiduría y justicia, la narrativa que emana hoy de Acayucan habla de puertas cerradas por temor al diálogo ante la manifestación justa y democrática de los ciudadanos.
Lo peor de un aprendiz de tirano es prohibir el acceso a los medios de comunicación, porque ello no borra los hechos, solo los vuelve más visibles bajo la lente del autoritarismo, ya que un gobierno que teme a la cámara y al micrófono es un gobierno que sabe que su discurso no se sostiene por más que digan que buscan la “transformación”. Ja.

Es alarmante que una administración que apenas cruza la barrera de los cien días ya enfrente este nivel de repudio y rechazo social, en pocas palabras, Raúl David Salomón, el alcalde de Acayucan, traiciona los propios principios por los que tanto lucharon y llegaron al Poder, lo cual se traduce en ineptitud operativa, y en soberbia y prepotencia política.
Se suele citar la frase del “pueblo bueno y sabio” con cierta condescendencia desde las cúpulas del Poder, pero lo que Salomón García parece ignorar es que la paciencia social tiene una métrica finita, y la historia de Veracruz nos ha enseñado que cuando las comunidades rurales y las colonias se unen en una sola voz frente al Palacio, el costo político suele ser irreversible.

Hay una frase que suele aplicarse constantemente “cuando el pueblo dice que es de noche, aunque sea de día hay que encender los faroles”. Aguas.
Hoy la realidad de Acayucan revela una gestión que, en su afán de control autoritario, está perdiendo lo más valioso que un gobernante puede poseer; la legitimidad, si Raúl David Salomón no rectifica, si no abre las puertas y saca las manos de las elecciones comunitarias, pasará a la historia no como el sabio bíblico, sino como otro monarca de papel derribado por la voluntad de un pueblo que se cansó de más de lo mismo.
Finalmente, la democracia de base es el cimiento de la paz social, ignorarla es, sencillamente, gobernar al borde del abismo y de la estupidez. Al tiempo.

