Olga Sánchez Cordero (78 años, Ciudad de México) ya tiene fecha para despedirse de la política. La ministra en retiro de la Suprema Corte, exsecretaria de Gobernación, exsenadora y diputada federal abandonará la vida política de México en 2027, una vez que concluya la legislatura en curso del Congreso mexicano. Volverá a las aulas y a la reflexión académica. Lo hace después de haber ocupado algunos de los cargos más relevantes del Estado mexicano y de acompañar desde dentro el arranque del proyecto político de Andrés Manuel López Obrador y de su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Su retiro llega en un momento de profundas transformaciones institucionales impulsadas por la agrupación guinda. En varias de ellas ha sido crítica aguda y las observa con reserva.
La jurista recibe a EL PAÍS en su despacho de la notaría que dirige, donde también abrió camino como la primera mujer en obtener una patente por oposición en la capital del país. A lo largo de una carrera marcada por los hitos, rompió varios techos de cristal, entre ellos el de la Secretaría de Gobernación. Ha convivido con seis presidentes y participado desde distintos frentes en las grandes transformaciones políticas de México.
Sánchez Cordero reivindica en la conversación el nacionalismo y el humanismo social que dieron forma al proyecto político de López Obrador. No habla desde la oposición ni desde el desencanto —presume no haber militado nunca en partido alguno—, pero tampoco niega las diferencias. Cuestiona el diseño de la reforma judicial, lamenta que la elección de juzgadores haya sido más política que técnica y considera que sus resultados deberán evaluarse con el tiempo. También discrepa de la desaparición de algunos organismos autónomos y critica la manera en que el oficialismo procesa reformas de gran calado en el Congreso. “Quisiera que fueran más pulcros”, dice sobre las maratónicas sesiones legislativas que terminan con cambios de calado que aparecen súbitamente de madrugada.
Su advertencia más severa se dirige a la reforma que permite anular elecciones por injerencia extranjera. Considera que su redacción es demasiado amplia y podría comprometer la certeza electoral. Es la mirada de una jurista que no rompe con el movimiento en el que creyó, pero que insiste en que todo proyecto de poder necesita contrapesos, deliberación y capacidad de escuchar las voces discrepantes.
Pregunta. ¿Se va satisfecha con el rumbo que tomó Morena o con preocupaciones sobre el país que deja?
Respuesta. El presidente López Obrador me invitó, yo no lo busqué. Me invitó a ser secretaria de Gobernación por la trayectoria jurídica constitucional que había desarrollado durante 20 años. Siempre he visto las cosas más desde el punto de vista jurídico que político, porque es mi formación y mi esencia. Por supuesto que hay temas que no me han parecido que vayan por un buen rumbo. Por ejemplo, el Poder Judicial. Fue mi casa durante 25 años. Lo conocía a profundidad. Había que hacer algún tipo de reforma, sí. Había juzgadores demasiado enfocados en la forma y no en el fondo. Pero también había buenos juzgadores. No todos eran malos ni remotamente. Era un Poder Judicial sólido. Si la decisión política era que los jueces fueran electos por voto popular, había que hacerlo de la mejor manera posible. Mi propuesta era que los comités asumieran la responsabilidad de garantizar que cualquier candidato tuviera experiencia, trayectoria, conocimiento y buena fama pública. La elección terminó siendo, en mi opinión, más política que una elección de mejores perfiles. Una de mis principales reservas fue que se comenzara por cubrir las vacantes existentes. No entendí por qué hacer tan ríspida la salida de la mitad de los juzgadores.
Olga Sánchez Cordero en Ciudad de México.© JACKY MUNIELLO (EL PAÍS)
P. ¿Esas fueron sus principales diferencias con el proyecto?
R. Fueron diferencias sustanciales. El Poder Judicial era mi casa. Si quieres transformar tu casa, quieres hacerlo para bien. Otro tema en el que no diferí tanto, pero expuse mis opiniones, tuvo que ver con los órganos constitucionales autónomos. Yo siempre he sostenido que algunos sí deben conservar esa naturaleza: el INE, el Banco de México, el INEGI. Son instituciones cuya autonomía es indispensable. Otros pudieron haber mantenido esquemas distintos sin afectar necesariamente su funcionamiento. Las instituciones las fortalecen o las debilitan quienes las integran. He conocido funcionarios muy autónomos y profesionales, incluso dentro de órganos desconcentrados.
P. ¿El INAI debió desaparecer?
R. No. Definitivamente no. La cultura de la transparencia y el acceso a la información pública fue una conquista democrática fundamental.
P. ¿Qué ha cambiado en el movimiento?
R. El presidente López Obrador en sus primeros tres años, cuando fui secretaria de Gobernación, no obstante que era un poco terco en su manera de pensar, sí me escuchaba. Lo convencí en varias cuestiones. En sus primeros años era bastante moderado en cuanto a su personalidad. Tal vez porque algunos de sus colaboradores tuvimos la oportunidad de escucharlo y de que nos escuchara. Veo un proyecto de nación legitimado. No he estado totalmente de acuerdo, tengo matices importantes como el Poder Judicial, como la rectoría de los órganos constitucionales autónomos y otros aspectos. Por ejemplo, debe haber más iniciativa privada.
P. ¿Morena sigue siendo el movimiento que usted ayudó a construir o se ha convertido en otra cosa?
R. No soy militante de Morena ni de ningún partido político. Una jueza constitucional no puede militar en ningún partido. Veía un Gobierno humanista. Tengo palabras de agradecimiento para el presidente López Obrador porque me invitó a colaborar con él. Además, por primera vez en la historia de este país hay un gabinete paritario. Eso tuvo un enorme significado histórico para las mujeres.
P. Usted ha vivido de cerca los avances más trascendentes en materia de paridad hasta llegar a tener una presidenta.
R. No exagero, nos costó sangre, sudor y lágrimas llegar a las posiciones de poder.
P. ¿Comparte todavía el proyecto político que hoy encabeza Claudia Sheinbaum?
R. Con matices, sí. Mi tema personal son mis convicciones. Sigo siendo nacionalista. Siempre he creído en la rectoría del Estado en temas fundamentales: salud, educación, recursos estratégicos. Comulgo profundamente con algunos programas sociales, particularmente la pensión universal para adultos mayores. También las pensiones para personas con discapacidad. Del sistema de becas tengo mis asegúnes. Creo que tenemos que colocar las becas en los estudiantes que realmente se esmeran por estudiar. Tengo reservas en Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro, pero en términos generales sigo viendo un proyecto de nación que fue legitimado por el voto.
P. ¿Las diferencias con Morena influyeron en su decisión de retirarse?
R. No. Es una decisión tomada desde hace muchos años. Siempre dije que me retiraría a los 80 años. Hay que saber retirarse a tiempo. La política exige capacidades físicas e intelectuales plenas. Es una convicción personal. Me voy a la academia porque aún tengo mucho que aportar a las generaciones venideras.
P. ¿Se puede interpretar la reforma sobre nulidad de elecciones por injerencia extranjera sin ley reglamentaria?
R. Es una norma abierta que el juzgador puede complementar con cualquier cantidad de hipótesis fácticas. Estamos violentando dos principios: el principio de certeza electoral; la nulidad es la sanción más grave que afecta al INE, al candidato y a los electores en su derecho humano a elegir. Muchos de los extremistas del movimiento piensan que hay un blindaje; no, la norma se aplica igual para todos. Es una calle de doble sentido. También podría ser utilizada por candidatos de oposición.
P. ¿La narrativa sobre la injerencia extranjera y la defensa de la soberanía responde a una amenaza real o se ha convertido en una herramienta política?
R. No sé si es una amenaza real. Pero sí puedo decir que la redacción es tan amplia que cualquier opinión publicada en un medio extranjero como EL PAÍS o cualquier declaración de un gobernador estadounidense o cualquier posicionamiento externo podría generar interpretaciones. Es tan ambigua que es muy delicado.
Olga Sánchez Cordero.© JACKY MUNIELLO (EL PAÍS)
P. Después de haber sido ministra, secretaria de Gobernación y legisladora, ¿considera que algunas reformas ponen en riesgo la certeza democrática?
R. En el caso de esta reforma sí veo riesgos para el principio de certeza. Respecto al resto de las transformaciones, creo que todavía están en un periodo de maduración. Es necesario esperar para evaluar plenamente sus resultados.
P. ¿El Poder Judicial sale fortalecido o debilitado de la reforma?
R. Está pasando por una etapa de desestabilización. Habrá que ver sus resultados a mediano plazo para decidir qué tan buena o no fue la reforma.
P. Porfirio Muñoz Ledo fue muy crítico de la manera de legislar del oficialismo. ¿Comparte esa visión?
R. Con Porfirio tuve muchas coincidencias y también diferencias. Sí, me gustaría que fueran más pulcros en los procesos legislativos. No que, después de 36 horas de sesión, saquen una reforma en la madrugada que ni siquiera se ha leído.
P. ¿Qué le preocupa del rumbo institucional del país?
R. Me gustaría que se escucharan las voces de otros partidos. De la oposición, pero también de los propios legisladores del partido gobernante. Las reformas constitucionales deberían construirse de manera plural, sólida y ampliamente consensuada.
P. ¿El partido en el Gobierno está perdiendo el rumbo?
R. No. Tiene muy claro su rumbo. Lo único que diría es que debe escuchar más. Cuando alguien tiene algo constructivo que aportar, venga de donde venga, vale la pena tomarlo en cuenta.
P. ¿Se va satisfecha de la política?
R. Me voy satisfecha con mi vida personal, con lo que he construido y con lo que he aportado. Con mi convicción. Ahí está mi historia personal al alcance de todos para ser reconocida o criticada.

