Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 17 de junio de 2026.

Mientras el debate político se desgasta en la retórica de la austeridad y la desaparición de organismos queriéndose llevar entre las patas a la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas-CEAPP-siendo que hasta hoy es el único ente público que da la cara ante cualquier periodista agredido por la cúpula de Poder, dando acompañamiento legal, e incluso apoyando con recursos económicos, hay un elefante en medio de la sala del que pocos se atreven a hablar con honestidad y claridad; la flagrante improductividad y los excesos de una parte considerable del Congreso del Estado de Veracruz.

Si se trata de quitar lo que no funciona y le cuesta millones a los ciudadanos, la actual legislatura debería ser la primera sometida a una profunda auditoría de resultados.
Para desgracia del electorado, la ola política que arrastró a muchos a ocupar una curul terminó por inundar el palacio legislativo con personajes cuya mayor destreza es levantar la mano, cobrar la dieta y alimentar el ego.

​El ejemplo, tan solo por citar uno, el de Dorenhy García Cayetano, es sintomático de esta desconexión, la hermana del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez, cuya trayectoria fue gris en la Secretaría del Trabajo y ahora en el congreso local, ha dejado mucho que desear, ofreciendo más de lo mismo, o peor.

​Lo grave no es solo la falta de propuestas robustas, el cinismo llegó cuando fue señalada directamente en tribuna por la diputada Montserrat Ortega, quien la acusó de plagiar sus iniciativas previamente congeladas en las comisiones que preside, para luego presentarlas como propias, a este cuestionable método de “trabajo” se le suma la frivolidad qué la caracteriza, el polémico cierre de vialidades bajo el palacio de gobierno para montar un set fotográfico para el culto de su personalidad, quedó para la historia.

El espacio público convertido en pasarela privada; las necesidades del estado, en segundo término.

​Por otro lado, el escándalo también se tiñe de abusos laborales y nepotismo en el recinto que debería garantizar la ley, es el caso de sobra conocido de la diputada Victoria Gutiérrez Pérez, señalada por prácticas que rayan en el feudalismo político.

La denuncia pública del despido de una extrabajadora de su oficina expuso un modus operandi indignante; maltratos, humillaciones y el presunto moche de cinco mil pesos de su salario, todo con el fin de abrirle espacio en la nómina a su hija en un claro acto de nepotismo, no es solo improductividad; es la degradación ética del servicio público.

​Pero el problema no se limita a dos nombres, si se realiza un análisis riguroso del trabajo legislativo, el diagnóstico generalizado de la legislatura es alarmante, Veracruz cuenta con diputados que transcurren los tres años de su gestión sin subir una sola propuesta de ley con sustento real a la tribuna, burócratas de lujo que solo esperan sus abultadas quincenas como auténticos parásitos.

​Otros legisladores lejos de debatir políticas públicas para combatir la inseguridad, el desempleo o el rezago en infraestructura que asfixia a nuestras regiones, destacan por protagonizar disputas estériles en redes sociales.

La ciudadanía acude a las urnas con la esperanza de encontrar representación, debate de altura y soluciones a las problemáticas locales, lo que recibe a cambio es un séquito de legisladores buenos para nada, cuya única iniciativa real es la de auto promoverse para el siguiente cargo en el tablero político.

​Si la premisa actual del sistema es que “lo que no sirve y cuesta mucho debe desaparecer”, el Congreso veracruzano tiene una deuda enorme que saldar, es hora de exigir una reforma integral que evalúe y sancione la improductividad legislativa. Al tiempo.