“Siempre le pedí a Dios que me rescatara o que mandaran a alguien. Estuve rezando en lo que para mí fueron tres días”, son las primeras palabras de Erasto Crisanto Valdez, el pescador de 31 años que permaneció durante más de dos semanas en las profundidades de un cenote del poblado San Francisco La Paz, Santa María Chimalapa, Oaxaca, en los límites con Veracruz.
Dichas declaraciones fueron difundidas por el Gobierno Municipal de Uxpanapa a través de sus redes sociales, donde el hombre relata, por primera vez, parte de lo que vivió durante esta etapa que ha marcado su vida.
¿Cómo llegó Erasto hasta 100 metros de profundidad de un cenote?
En la entrevista, Erasto explica que llegó al ojo de agua acompañado de su arpón, con la intención de realizar la pesca del día. El pasado 23 de julio, trataba de cazar un róbalo, especie que siguió hasta las profundidades del cenote.
“Al momento de regresarme, ya no encontré la salida. Busqué la manera de salir, pero no encontré la salida. Seguí buscando para salir, pero no hubo más salida”, relató el pescador, quien reconoció que ni él mismo se explica cómo llegó hasta el área donde permaneció durante los siguientes días.
“Quedé en un momento en shock por no encontrar la salida y, en un lapso de tiempo, el tiempo se detuvo. No me acuerdo, pues”, refirió Erasto al describir la confusión que experimentó al encontrarse en un sitio del que, según sus propias palabras, “se suponía que no existía”.
La fe de Erasto fue fundamental para mantenerse vivo
El pescador describió el lugar donde permaneció durante 16 días como un espacio húmedo, con piedras y lodo, y destacó que su fe fue uno de los principales factores que, según considera, lo mantuvieron con vida mientras esperaba ser localizado y rescatado.
“Adonde yo me quedé, está a orilla de un lago porque es un manantial y por el medio pasa, y por el lado es una orillita en la que entra el agua. Y al sentir hambre, pues tomaba agua del cenote”, explicó, al señalar que durante esos días no tuvo acceso a alimentos, aunado a que vivió prácticamente en la oscuridad total una vez que la lámpara con la que contaba sufrió daños irreversibles.
Para Erasto, la percepción del tiempo desapareció, pues prácticamente permaneció en medio de la oscuridad. “No me daba cuenta si era de día o de noche y para mí pasaron solo tres días porque era oscuridad total y no se veía nada”.
Crisanto dijo que llegó a escuchar las voces de los buzos que le hablaban, mientras él se encontraba en una oración permanente.
“Preguntaron que si había alguien ahí y yo respondí que sí, y fue algo maravilloso. No lo podía creer. A la vez, también, bendito Dios, que me encontraron. Gracias a Dios que no me dejó solo”.
“Gracias a Dios”, fueron, según relató, sus primeras palabras al tener nuevamente contacto con una persona. El buzo le preguntaba si era él y cuestionaba si tenía movilidad y si podía acercarse a una intersección, aunque Erasto no podía dar pasos debido a la debilidad que presentaba.
Fue aproximadamente 30 minutos después cuando sus rescatistas regresaron para reiniciar las labores correspondientes y ponerlo a salvo. Llegaron con sueros y los elementos necesarios para llevar a cabo el procedimiento.
“Yo me encontraba en una parte alta porque la cueva tiene otra entrada de agua y se hunde”, explicó, al exponer que, al salir a la superficie y tener contacto con la luz, comenzaron las primeras molestias en sus ojos, después de los días que pasó en completa oscuridad.
Erasto Crisanto muestra su agradecimiento a la ciudadanía que estuvo pendiente de su caso
Al ver nuevamente a sus familiares, lo primero que hizo fue agradecer a Dios. Tener a su madre de frente representó un importante apoyo, pues fue a ella a quien vio en primera fila, lo que le generó alivio y esperanza.
“Ahora estoy bien, gracias a Dios, y me siento mucho mejor, y esperemos que pronto salga de aquí”.
El pescador también fue directo al agradecer a toda la sociedad que durante estas semanas permaneció al pendiente de su caso y de su familia. Dijo que, desde el corazón, está asombrado por las muestras de apoyo que ha recibido por parte de las personas.
“Le agradezco a todo el mundo, a las redes sociales, tanto los comentarios buenos como los comentarios negativos, porque siempre va a haber eso, de ley. Y les agradezco eternamente porque no tengo cómo pagarles, porque son miles de gentes que vieron mi video”.
El vecino del poblado 14, en Uxpanapa, Veracruz, continúa en un hospital de dicha localidad, donde se recupera de la experiencia que hoy narra por primera vez.

