Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 24 de septiembre de 2026.

El asesinato de Guillermo Pamuce Yep, conocido como el “Chino Yep”, en Coatzacoalcos, no debe verse como un hecho aislado ni como una simple estadística de la nota roja, es en realidad, el síntoma más estridente de la putrefacción que carcome las entrañas de la política, una mezcla peligrosa qué encierra muchas sombras e intereses políticos entrelazados con intereses “desconocidos” que hoy explotan en la cara de sus propios promotores.

​Las circunstancias de su ejecución en Coatzacoalcos, recuerdan de manera inevitable el trágico final de quién era su primo, Gertrudis Guízar Valladares, el “Tully”, hace ya varios años.

Lo que queda al descubierto es la radiografía de un modo de hacer política donde el poder se obtiene a como sea, y en donde las reglas éticas simplemente no existen, o no se respetan.

​El “Chino” Pamuce, no llegó a la función pública por mérito propio ni por una base social legítima, su paso por la regiduría de Jáltipan siendo de Coatzacoalcos, bajo las siglas del PES, entonces regenteado por su primo Gonzalo Guízar Valladares, quien llevó como candidato a la alcaldía al “Gallo” Galicia, fue producto del despojo político al arrebatarle el espacio a quien ocuparía una regiduría por dicho partido, bajo una argucia “política”.

Sin embargo, decir que la política “es sucia” no debe servir como salvoconducto para normalizar el agandalle ni la complicidad en ningún caso.

​Resulta casi sarcástico que el dirigente estatal del Partido PAZ, Gonzalo Guízar Valladares, salga públicamente a declarar que su instituto impondrá “filtros” para evitar la filtración del crimen organizado, justo en el contexto en que la violencia de alto impacto, alcanza a su círculo más íntimo y operativo en la zona sur.

Es un secreto a voces en la entidad el despliegue económico descomunal que PAZ mostró para movilizar estructuras y abarrotar asambleas hasta obtener el registro ante el INE.

Los señalamientos que vinculan a Gilberto Guízar Valladares,-hermano y primo de Pamuce-ex secretario particular, y operador cercano al presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Esteban Bautista Hernández, de ser el posible vínculo de inyección financiera para legitimar las asambleas y obtener el registro, abren interrogantes insalvables.

​Nadie celebra la muerte ni la violencia, este hecho conmueve a la sociedad, la pérdida de una vida humana bajo estas circunstancias es siempre condenable, y lamentable, pero la política que hoy se practica, en donde también se acaba de conocer de la muerte de un legislador federal en extrañas circunstancias, por decir lo menos, exige un análisis riguroso, sin concesiones.

​Hoy el Partido PAZ con una vertiente que utiliza al cristianismo a conveniencia, enfrenta una paradoja faltal donde la narrativa del discurso choca de frente con la crudeza de los hechos.

No se trata de juzgar a nadie, la ejecución de Guillermo Pamuce, coordinador regional de Paz, no sólo ensombrece al partido, sino que expone el peligro de jugar en el filo de la navaja, y desnuda la raya divisoria entre el servicio público y en muchos casos, los arreglos o desarreglos oscuros que encierra el Poder.

En Veracruz, la factura por la política salvaje al estilo de la mafia, ya se está cobrando, quienes la practican han perdido todo principio ético y moral con tal de alcanzar riqueza y poder al costo que sea. Al tiempo.