Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 28 de septiembre de 2026.
Los ciudadanos han tolerado por décadas el abuso de Poder, pero lo que hoy ocurre en la cúpula del Congreso del Estado traspasa cualquier margen de decencia institucional para instalarse de lleno en el cinismo.
Mientras sobre el diputado Esteban Bautista Hernández, presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), pesan señalamientos sin solventar por más de 5 millones de pesos de sus pasadas gestiones municipales, desde el propio Palacio Legislativo se ampara y se financia, un día sí y el otro también, la desestabilización de Tatahuicapan.

El brazo ejecutor de este despropósito tiene nombre y apellido; Francisco Javier Ramírez Hernández, director de Recursos Humanos del congreso, un caso flagrante por cierto, de nepotismo, al ser primo político del titular de la Jucopo, este sujeto no solo se limita a cobrar un sueldo privilegiado en Xalapa.

Su impacto destructor, al más viejo estilo priista, se siente en la sierra del sur de Veracruz, donde actúa como un operador de choque, enfocado en dinamitar la paz social y socavar la gobernabilidad local.
La injerencia de Francisco Ramírez en Tatahuicapan expone una situación de simulación y de ambición mezquina y desenfrenada, ya que abiertamente grita que los recursos económicos para la obra hidráulica, eléctrica y de pavimentación, son productos de la gestión del grupo al que pertenece, es decir, como si fueran dádivas personales.

Se trata de una mentira descarada, estos proyectos provienen del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social de los Pueblos Indígenas y Afroamericanos (FAISPIAM), son recursos federales etiquetados qué por ley no le pertenecen a ningún padrino o partido político.
La afrenta a los habitantes de Tatahuicapan alcanza su punto más crítico con la denuncia pública de los ciudadanos de que la ejecución de las obras de este Fondo, presuntamente recae de forma directa en la constructora del hijo de Esteban Bautista.

En esta vulgar y desmedida ambición, Francisco Ramírez no duda en arrastrar a su propio cuñado, Rolando Bautista Ramírez, quien funge como el Presidente del comité del FAISPIAM, los arrebatos y la provocación del “pancho” amenazan con truncar desde ahorita sus aspiraciones políticas de ser nuevamente el candidato a la presidencia municipal de Tatahuicapan.

Este círculo perverso se cierra con total impunidad; el poder político se ejerce desde la JUCOPO, la agitación y la confrontación la ejecuta el primo, y los daños colaterales recaen en la propia familia.
En fin, la presencia de Francisco Ramírez y su grupo en la zona, donde también están los hermanos del legislador, no busca el diálogo, sino el enfrentamiento.
Incidentes como el conflicto verbal en la localidad de Ocotal donde solo hubo mentadas de madre porque este señor entorpece las obras del comité de esta comunidad, revelan a un agitador dispuesto a fracturar asambleas comunitarias con tal de medir fuerzas.
A esto se le suma un antecedente que descalifica de origen su idoneidad moral, señalamientos de violencia por presuntamente haber agredido físicamente a una mujer lo habían llevado a dormir en prisión, esto dibuja el perfil de un funcionario problemático e intocable bajo el manto protector del líder del congreso.
Este conflicto sobrepasa la percepción ciudadana; Francisco Ramírez no actúa por la libre, responde a un plan orquestado desde la cúpula del Poder Legislativo para asfixiar al gobierno municipal en turno y boicotear la estabilidad y el liderazgo del alcalde Vladimir González Martínez, quien ha venido trabajando arduamente en la construcción del desarrollo y el crecimiento de este municipio con más obra pública, educación, seguridad, y mejores servicios públicos.
Para colmo, Francisco Ramirez asume la postura de ser el supuesto “asesor político” del presidente de la JUCOPO, por lo que todos los abusos y excesos que anda cometiendo recaen en su líder, que ya no siente lo duro sino lo tupido. Al tiempo.


