Lo que durante años funcionó como barrera contra las inundaciones en la zona del Repasto, hoy es apenas un cascarón de concreto en la colonia El Pajaral.

El antiguo cárcamo de bombeo, diseñado para recolectar y desalojar aguas pluviales y residuales, quedó fuera de operación tras un prolongado abandono que terminó por dejarlo inservible.

Esta estructura subterránea recibía el agua acumulada en la colonia Lázaro Cárdenas, conocida como el Repasto, donde actualmente se ubica el mercado Campesino.

A través de bombas y una red de tuberías que cruzaban el callejón ‘de la Pérez’, la calle Madero y la Obrera, el líquido era conducido hasta el cárcamo en El Pajaral, desde donde era succionado y expulsado hacia el arroyo Agua Dulce, evitando anegamientos en una zona que se encuentra prácticamente al mismo nivel del cauce.

ESTRUCTURA EN ABANDONO

El sistema permitía desalojar grandes volúmenes de agua en poco tiempo, especialmente durante lluvias copiosas cuando el drenaje natural resulta insuficiente. Sin embargo, la falta de mantenimiento y la ausencia de vigilancia permanente facilitaron que las instalaciones fueran invadidas por personas en situación de calle y adictos, quienes desmantelaron bombas, tuberías y equipo metálico para venderlos como fierro viejo.

En un recorrido realizado por este medio informativo se constató que únicamente permanece la estructura de concreto, limpia en apariencia pero vacía en su interior.

Existen antecedentes de que el sitio fue utilizado como refugio improvisado, incluso con reportes de personas fallecidas en el interior a consecuencia de sus adicciones. Hoy, lo que fue una solución técnica para prevenir inundaciones es un recordatorio de que la infraestructura pública no resiste el abandono indefinido.