Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 24 de marzo del 2026.
La política veracruzana parece estar metida en un bache profundo, donde el cambio de nombres no necesariamente implica un cambio de formas, el reciente episodio protagonizado por la titular de Educación, Claudia Tello, a las puertas de su propia dependencia, no es solo un conflicto gremial más; es el síntoma de una enfermedad llamada indolencia institucional.

Lo ocurrido no fue un simple bloqueo de acceso a las oficinas, fue el choque de 2 realidades irreconciliables: la del Sindicato Independiente de Maestros de Veracruz, encabezado por Gerardo Velazquez Maravert, que sostienen un plantón a las afueras de la SEV, los cuales arrastran años de precarización laboral, y la de una funcionaria que, antes de entender la raíz del problema, optó por el camino más corto y peligroso; la descalificación.

El pliego de reclamos de los docentes no es un asunto menor ni se resuelve con retórica partidista, hay desconocimiento de antigüedades que anula años de servicio, casos de maestros donde el ingreso ni siquiera alcanza el salario mínimo, y viven de pedir prestado, una ironía dolorosa en el estado que se dice cuna y baluarte de la transformación.

El despido de maestros del Programa “Vasconcelos” como respuesta al reclamo de derechos fundamentales, ha sido la tónica de un gobierno que se dice muy humanista.
Es difícil de entender, pero, si los maestros deciden protestar, tomar instalaciones, o bloquear una entrada, no lo hacen por “capricho”, como lo dijo la secretaria, lo hace porque el diálogo institucional se convirtió en un callejón sin salida, en una simulación donde las promesas de pago, salarios dignos, y la atención, ya caducaron y cansaron a los maestros protestantes.

Lo más alarmante del incidente no fue la protesta en sí, un derecho legítimo en cualquier democracia, sino la actitud de la titular, al negarse a dialogar bajo las condiciones de respeto propuestas por la dirigencia sindical, y etiquetar las demandas como “caprichos”, al hacerlo, Tello no solo cerró la puerta física de las oficinas, sino que dinamitó los puentes de confianza con el sector más sensible del Estado; los que forman a las próximas generaciones.
”Llamar ‘capricho’ al hambre y a la exigencia de un salario digno no es solo un error político; es una muestra de insensibilidad humana que no debería tener cabida en el gabinete, este tipo de funcionarios le generan muchos problemas a la gobernadora Rocío Nahle.

El gobierno de Veracruz tiene un reto enorme, la administración de la gobernadora Rocío Nahle no puede permitirse heredar los vicios de opacidad y maltrato que han caracterizado a la SEV en sexenios anteriores, si la respuesta a la exigencia de derechos será el rostro de la soberbia, el espejo de la indolencia terminará por fracturar la gobernabilidad educativa del estado.

En fin, la educación no se mejora con buenas intenciones o pintando alguna escuela, se dignifica respetando a quienes la sostienen, si Claudia Tello aspira a una gestión exitosa, deberá aprender que el poder es para servir, no para ignorar a quienes, con justa razón, exigen lo que por ley les corresponde. Al tiempo.

