Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 15 de junio de 2026.

A ver. El caso de la diputada Victoria Gutiérrez Pérez, quien fue exhibida por el diputado Héctor Yunes Landa en la tribuna del Congreso del Estado por haber despedido a una trabajadora de su oficina para meter a su hija a la nómina del congreso, es el ejemplo de lo que significa la avaricia en seres sin valores ni principios, que utilizan la política para sus perversos y mezquinos intereses.

​Dice el dicho popular que “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, pero en los pasillos del Congreso del Estado de Veracruz, la indiferencia, la soberbia y el valemadrismo parecen ser un blindaje tan grueso que impide ver el reflejo propio en el espejo de la degradación pública.

El vergonzoso hecho protagonizado por la diputada Victoria Gutiérrez Pérez no es algo aislado, es la descomposición moral que mancha todas las promesas de transformación, y exhibe el rostro más rancio y degradante del abuso de poder.

Los detalles indignan a cualquiera, correr prácticamente con humillaciones y malos tratos a la trabajadora María Isabel Fernández Saldaña, para imponer en la nómina a su propia hija, Nayeli Moreno Gutiérrez, es aberrante, más aún, viniendo de una representante popular.

El nepotismo es apenas la punta del iceberg, lo verdaderamente miserable, lo que raya en la peor bajeza de la ambición es la denuncia pública de presunta extorsión al exigirle a dicha empleada-lo dijo María Isabel-un “moche” de cinco mil pesos mensuales de los quince mil que devengaba.

Exprimir el salario ajeno mientras se predica una supuesta superioridad moral es una contradicción que raya en el cinismo, la legisladora, recordada por su célebre ocurrencia de que “ya se consume café en Marte”, parece habitar en otro planeta, uno donde la dignidad humana y los derechos laborales no existen.

​Este escándalo no puede archivarse como un simple “asunto de oficina”, es la oportunidad para demostrar que las titulares de la Unidad de Equidad y Género y Derechos Humanos del Congreso, sirven para algo más que para cobrar su oneroso cheque, es necesario dejar a un lado la simulación, y actuar ante un caso evidente de hostigamiento, acoso laboral, y discriminación.

​Asimismo, la Subcontraloría de Quejas e Investigaciones tiene la obligación de armar un expediente-con perspectiva de Igualdad Sustantiva-sólido, y turnarlo de inmediato al presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), Esteban Bautista Hernández, quien por cierto ya dijo que se va la trabajadora, pero ahí no debe terminar este vergonzoso asunto.

Si de verdad hay voluntad política, el camino está trazado, que las Comisiones respectivas en manos de los diputados investiguen a profundidad, que hagan su trabajo, dar vista a la Fiscalía General del Estado por la presunta extorsión del “moche” y, de acreditarse los elementos, iniciar el proceso de desafuero.

El problema está en tratar de exigirle coherencia a Esteban Bautista, presidente de la Jucopo para actuar, sería pedirle demasiado porque carece de autoridad moral para llamar a cuentas a la diputada Gutiérrez Pérez, ya que el nepotismo es parte oficial de su gestión.

Ahí están los nombres y los parentescos que ensucian el discurso, su sobrina, Patricia González Bautista, operando como directora de Recursos Materiales, y su primo político, Francisco Javier Ramírez, incrustado en la Dirección de Recursos Humanos, el nepotismo hoy camina plácidamente por las oficinas del Poder Legislativo con nuevos apellidos.

​La indignación social no va a calmarse con la simple renuncia de Nayeli Moreno Gutiérrez, quien, por cierto, ingresó ganando 30 mil pesos mensuales, justo el doble que la trabajadora humillada, el fondo del asunto es el abuso sistemático del poder, la voracidad de quienes ven las curules como botines familiares y no como responsabilidades públicas.

​El recinto legislativo tiene la obligación de ser el espejo de la legalidad, y no la imagen de la arbitrariedad, si las consignas de “no mentir, no robar y no traicionar” no son más que un eslogan publicitario para ganar elecciones, que lo digan de una vez, es hora de limpiar la casa, y entender que el poder no es para servirse de la gente, sino para servirla. Al tiempo.

De salida……

Muchos diputados, diputadas, y funcionarios del Congreso tienen a sus familiares en la nómina. Para cuando su renuncia?