El descarrilamiento de un convoy del Tren Interoceánico que hasta el momento arroja un saldo de 13 personas fallecidas y más de un centenar de heridas, es un lamentable hecho que no debe repetirse, es resultado de la negligencia y corrupción criminal de los gobiernos de la autoproclamada transformación.

Se advirtió oportunamente que la falta de estudios serios de mecánica del suelo, de impacto ambiental, y la prisa por realizar obras faraónicas e inservibles no terminaría en nada bueno. Hoy la corrupción de los gobiernos morenistas cobró víctimas.

Hay que recordar que la Auditoría Superior de la Federación ha reportado irregularidades por aproximadamente 57.75 millones de pesos, con pagos en exceso de 28.85 millones en la rehabilitación de la Línea Z -la misma donde ocurrió el accidente-, duplicidades en contratos, trabajos inexistentes, grietas, fugas y fallas estructurales en estaciones navales. 

Al igual que el Tren Maya, hoy el Tren Interoceánico sufre un descarrilamiento. ¿Cuántos accidentes más deben existir para darnos cuenta que los proyectos echados a andar por la 4T son un completo desastre? Todos están plagados de corrupción, mal implementados, mal ejecutados y ponen en peligro la vida de las personas, no tienen rentabilidad social y mucho menos económica. 

El tren se descarriló la mañana del pasado domingo 28 de diciembre en la Línea Z, a la altura de Nizanda, Oaxaca, no solo causó la muerte de 13 personas y lesiones a más de cien, sino que puso en riesgo mortal a 241 pasajeros y nueve tripulantes que viajaban en el tren. 

La propia ASF ha señalado la supervisión inadecuada; el incumplimiento de normas y posible daño al erario. Los gobiernos de la 4T presumen de “proyectos prioritarios”, con “austeridad republicana”, pero en realidad han convertido al Itsmo en un cementerio de promesas fallidas y riesgos innecesarios. 

Este gobierno ha despilfarrado millones en contratos inflados mientras la infraestructura se desmorona, literalmente, bajo las ruedas de un tren que no resiste ni su propio peso. ¿Cuántas alertas más necesitamos? ¿Cuántos descarrilamientos más para admitir que estos megaproyectos son elefantes blancos peligrosos, construidos con prisa electoral y sin responsabilidad?

POR HÉCTOR SAÚL TÉLLEZ HERNÁNDEZ

VICECOORDINADOR ECONÓMICO DEL GPPAN