Donald Trump llegó a la Presidencia de Estados Unidos prometiendo un giro histórico: dejar atrás décadas y décadas de gobiernos jugando a ser el policía del mundo, interviniendo militarmente una y otra vez en África, Europa o Asia. El gasto en Defensa, insistía, era disparatado y debería dedicarse a los ciudadanos. En 12 meses, sin embargo, ha bombardeado siete países, ha capturado al presidente no electo de Venezuela y ha desplegado el mayor contingente naval en su hemisferio desde los años 80, mientras aboga por disparar el presupuesto militar un 50%. Y ahora, en medio de enormes protestas en Irán y de una represión salvaje, baraja volver a usar su poderío para intentar forzar un cambio de régimen. “Saben, era un gran país hasta que llegaron estos monstruos y se apoderaron de él”, ha lamentado este martes.
La Administración sopesa estos días sus opciones. Nuevos ataques a las instalaciones nucleares, a los silos de misiles o un ciberataque masivo para castigar el apagón de internet y de las comunicaciones de la última semana. La Casa Blanca había generado mucho interés en la reunión de los expertos de Seguridad Nacional con varios ministros prevista para este martes, sugiriendo que el presidente escucharía allí las diferentes posibilidades y podría incluir tomar una decisión. Trump no estuvo presente en las primeras, según su portavoz, Karoline Leavitt, ocupado con su agenda política nacional, pero el briefing más importante, con el vicepresidente JD Vance al frente, se agendó por la tarde, dando margen para intentar que el presidente regresara a la capital a tiempo.
Los mensajes son confusos, pero la sensación en Washington, como ocurrió con Venezuela, es que es inevitable que algo pase. Un problema logístico, que los contrarios a un bombardeo señalan, es que Estados Unidos no tiene ningún portaaviones en aguas cercanas a Irán ahora mismo. La opción más rápida, según los expertos militares, sería desviar el USS Abraham Lincoln del mar de China Meridional, algo que ya hizo en el pasado Joe Biden y que inquieta al Pentágono. Otra, repetir lo visto hace unos meses, pero eso exigiría un despliegue más complicado desde bases mucho más lejanas y sin cobertura.
Como paso previo, en todo caso, este martes el líder de los republicanos ha sugerido a sus aliados, especialmente a los europeos, que “deberían irse de ahí, es una buena idea”. Y hacerlo lo antes posible, dando a entender que un ataque podría ser inminente. Lo hizo respondiendo a una pregunta directa, casi improvisando la respuesta mientras estaba rodeado de obreros. Pero en las capitales europeas el mensaje se escuchó alto y claro.
Estados Unidos cree que esta es la mejor oportunidad de derrocar al régimen de los ayatolás desde la Revolución de 1979 y no quiere desperdiciarla. Hay un riesgo evidente de que cualquier intervención dé alas al régimen, que ya sostiene que las protestas son maniobras orquestadas por Washington y Tel Aviv. Pero el presidente parece inclinarse, cada vez más, por mover ficha y no esperar. “Patriotas iraníes, ¡sigan protestando! ¡Tomen el control de sus instituciones! Guarden los nombres de los asesinos y abusadores, que pagarán un alto precio. He cancelado todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que cese la matanza sin sentido de manifestantes. ¡La ayuda está en camino! ¡MIGA!”, escribió este martes en sus redes sociales, jugando con la idea de “hacer Irán grande de nuevo”. Horas después, lo repitió palabra por palabra.
El presidente afirmó el domingo que la opción militar está sobre la mesa. Estados Unidos no va a enviar tropas de ninguna manera; el recuerdo de Irak y Afganistán está muy fresco. Pero cree que puede desestabilizar al régimen, más débil que nunca, desde el aire, con la intimidación y apoyando a las facciones de la oposición en el exterior. El enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, se reunió en secreto durante el fin de semana con el heredero en el exilio, Reza Pahlavi, para hablar sobre las protestas, según ha revelado Axios. Y, al igual que hace 23 años, cree que la población recibiría con los brazos abiertos ayuda para acabar con un Gobierno y un sistema opresivo.
Mientras, y evitando dar pistas directas -en verano, antes de ataque el programa nuclear, dijo que se iba a dar unas semanas para pensar qué hacer, cuando la orden de despegar ya había sido dada a los pilotos- ha anunciado aranceles indirectos a todos los países que comercial con Teherán, con el foco puesto en Rusia, India, Turquía y especialmente China, que es la mayor importadora del petróleo iraní, como lo era del crudo venezolano.
“Con vigencia inmediata, cualquier país que realice negocios con la República Islámica de Irán pagará un arancel del 25% sobre todos los negocios que realice con los Estados Unidos de América. Esta Orden [sic] es definitiva. ¡Gracias por su atención!”, escribió en presidente en sus redes sociales el lunes, y repitió la idea 24 horas después, pero sin dar más detalles. Horas antes, su portavoz, Karoline Leavitt, había admitido que los ataques aéreos eran “una de las muchas opciones que se están considerando”, pero que “la diplomacia siempre es la primera opción para el presidente”. Algo que tras los ataques de verano precisamente en Irán, o la operación en Venezuela, resulta mucho más difícil de creer. “Lo que se escucha públicamente del régimen iraní es muy diferente de los mensajes que la Administración recibe en privado y creo que el presidente tiene interés en explorar esos mensajes”, añadió Leavitt.


