“La comunidad internacional está preocupada ante la posibilidad de que la expiración del New START tenga impactos negativos en el régimen internacional de control de armas y en el orden nuclear global”, dijo el jueves Lin Jian, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, después de que concluyera oficialmente el último acuerdo que limitaba las armas nucleares estratégicas entre Estados Unidos y Rusia.
Por primera vez en décadas, el mundo se queda sin un marco que limite el despliegue nuclear de las dos potencias que concentran cerca del 90% del arsenal mundial. La consecuencia inmediata es la incertidumbre mientras asoma la amenaza de una nueva carrera armamentista global.
En este contexto, el papel de China se vuelve central. Pekín ha incrementado su arsenal nuclear más rápido que cualquier otro país desde el final de la Guerra Fría, desafiando la narrativa de estabilidad estratégica que dominaba desde entonces. Mientras Washington y Moscú se han sentado en ocasiones a negociar sobre cifras, Pekín ha mantenido un perfil más bajo, negándose siempre a participar en conversaciones trilaterales.
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2024 China contaba con unas 600 ojivas nucleares, frente a las más de 3.700 de Estados Unidos y las 4.300 de Rusia.
Esta cifra marca un incremento significativo: en 2012, cuando Xi Jinping llegó al poder, China apenas tenía 240 ojivas. Si las tendencias actuales se mantienen, el país asiático podría alcanzar 1.000 ojivas o más hacia 2030, según estimaciones del Pentágono y analistas internacionales.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha insistido en que China se una a un marco de desarme con Washington y Moscú. “Las fuerzas nucleares de China y Estados Unidos no están en absoluto al mismo nivel, y no es justo ni razonable pedir a China que se sume a las negociaciones en esta etapa”, declaró esta semana el portavoz Lin Jian.
La posición de Pekín es clara: su arsenal sigue siendo mucho menor que el de las superpotencias, tanto en número de ojivas como en capacidad de lanzamiento.
Pero los expertos destacan que el crecimiento actual del arsenal chino no es solo cuantitativo. En los últimos años, el gigante asiático ha desarrollado la capacidad de proyectar armas nucleares desde aire, tierra y mar, incluyendo misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar territorio estadounidense.
En un gran desfile militar celebrado en Pekín en septiembre del año pasado para conmemorar el 80º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Popular de Liberación exhibió varios misiles con capacidad nuclear, marcando la primera vez que mostraba públicamente su tríada nuclear completa.
Exhibición de fuerza
En aquella exhibición llamó la atención el DF-5C, una de las piezas centrales de la disuasión estratégica china. Se trata de un misil balístico intercontinental de combustible líquido con un alcance estimado que puede superar los 20.000 kilómetros, y con capacidad para portar múltiples ojivas. También se mostraron algunos submarinos nucleares estratégicos (SSBNs) con misiles JL3, que tienen alcance intercontinental y permiten el lanzamiento desde el mar profundo.
Desde su primera detonación nuclear en 1964, Pekín ha sostenido la conocida como política de no primer uso (NFU), comprometiéndose a no emplear armas nucleares salvo en respuesta a un ataque nuclear. En su Libro Blanco de Defensa, refuerza esta postura: China no usará ni amenazará con usar armas nucleares contra estados no nucleares o zonas libres de armas nucleares, y solo busca capacidades mínimas necesarias para garantizar su seguridad nacional.
Desde el Pentágono han señalado en varias ocasiones que el arsenal chino crece no solo en cantidad, sino también en sofisticación, con cada vez más misiles que pueden superar defensas antimisiles modernas y proyectar poder a larga distancia. Además del aumento de ojivas y misiles, desde Washington aseguran que Pekín está construyendo centenares de silos ICBM, estructuras subterráneas diseñadas para almacenar y lanzar misiles balísticos intercontinentales.
Hace un par de años, el ejército chino demostró su poderío al probar por primera vez en 44 años un misil balístico intercontinental durante un lanzamiento en el Pacífico. El ensayo mostró el ritmo acelerado de modernización del arsenal de Pekín, quien ya ha dejado de ser un actor secundario en el tablero nuclear.


