El gobierno federal confirma la tercera extradición masiva de 2026, enviando a líderes señalados de facciones del Cártel de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación a territorio estadounidense, donde enfrentarán cargos por narcotráfico, lavado y homicidio.
El operativo aéreo, discreto y coordinado con DEA, marca un pico en cooperación bilateral que Ronald Johnson, embajador de EE.UU., califica como “histórica” para desmantelar redes transnacionales de fentanilo.
El paquete que incluye nombres pesados
Entre los extraditados destacan operadores financieros y logísticos vinculados a disputas internas en Sinaloa y expansión del CJNG, con recompensas millonarias pendientes en EE.UU.
Autoridades mexicanas presumen inteligencia compartida que permitió capturas sin violencia, mientras el Departamento de Justicia estadounidense celebra el traslado como golpe directo a cadenas de suministro de opioides que matan miles al año al norte de la frontera.
La respuesta oficial que busca proyectar soberanía
Claudia Sheinbaum y el gabinete de seguridad destacan que las extradiciones responden a solicitudes fundadas y decisiones soberanas, rechazando versiones de “entregas a cambio” por alivio en aranceles o migración.
El mensaje oficial insiste en “justicia sin impunidad” y colaboración pragmática que beneficia seguridad de ambos países, con énfasis en que México no cede territorio ni control interno.
El lado B que genera sospechas nacionales
Aquí late el contraste que inquieta profundo: mientras Washington aplaude “alianza sin precedentes”, sectores nacionalistas ven riesgo de sumisión disfrazada por elogios extranjeros, cuestionando si estas entregas rápidas compran tiempo en negociaciones comerciales o migratorias tensas.
Críticos señalan que capos extraditados suelen recibir condenas menores en EE.UU. a cambio de información, perpetuando impunidad selectiva que deja víctimas mexicanas sin justicia local, un impacto político que alimenta debates sobre soberanía real en era de presiones externas constantes.
Esta cooperación bilateral toca fibras sensibles en un México cansado de promesas rotas, recordando que detrás de cada extradición hay familias destrozadas por violencia que no distingue fronteras ni pactos diplomáticos.
