En la 89 Convención Bancaria, el secretario de Hacienda, Edgar Amador, delineó con mayor claridad el rumbo económico que espera el gobierno para 2026. Más allá de los mensajes públicos sobre inclusión financiera o crédito a Pymes, la apuesta integral será por la digitalización, los nuevos esquemas de inversión mixta y una buena perspectiva de la renovación del T-MEC.
El primer eje es la digitalización, pero no sólo en términos de pagos electrónicos o plataformas bancarias. Hacienda está planteando que 2026 sea el año del “salto definitivo” hacia una digitalización transversal del Estado y de la economía. Eso incluye desde el impulso a medios de pago digitales hasta la creación de sistemas interoperables en sectores como el de salud, donde se busca avanzar hacia expedientes clínicos digitales y mecanismos de compensación entre instituciones. La implicación es mayor de lo que parece, pues se trata de construir infraestructura digital pública que permita escalar el crédito, seguir el rastro del dinero y abrir espacio a nuevos jugadores, desde fintech, neobancos y sofipos.
El segundo eje, probablemente el más relevante para inversionistas, es la nueva ley de inversión mixta que ya fue enviada al Congreso. Amador confirmó que Hacienda tiene el marco legal en proceso y los mecanismos financieros, registros y estructuras para detonar proyectos en el corto plazo. Se busca utilizar la inversión pública como ancla para atraer capital privado, particularmente en infraestructura. De concretarse, este esquema podría marcar un punto de inflexión en la formación de capital en México, amén de los esfuerzos de relocalización de empresas y la revisión del T-MEC, que exigen mayor dinamismo de sector interno.
En ese contexto, Hacienda proyecta que la economía mexicana podría acercarse a un crecimiento anual de 3% hacia el cierre de 2026, una estimación que supera las previsiones de buena parte de los analistas. La apuesta descansa en el efecto combinado de la inversión pública, el arrastre de la inversión privada y una mayor penetración del crédito, particularmente hacia pequeñas y medianas empresas. El gobierno confía en que el modelo de crecimiento basado en programas sociales puede complementarse, ahora sí, con una expansión más agresiva del financiamiento productivo.
Otro de los mensajes relevantes que me comentó el titular de Hacienda en una entrevista el viernes tiene que ver con Pemex. Amador aseguró que la empresa podría acercarse a la autosuficiencia financiera hacia 2027, apoyada en una mayor coordinación entre Hacienda, Energía y la petrolera, así como en nuevos proyectos de exploración, incluidos desarrollos en aguas profundas. La mejora reciente en la calificación crediticia de la empresa, tras más de una década sin avances, es utilizada como respaldo de esta narrativa. Sin embargo, el cumplimiento de esa meta dependerá de la ejecución operativa y de la capacidad de aumentar producción en un entorno complejo para el sector energético.
En materia de riesgos, Hacienda reconoce el impacto potencial de factores externos como la volatilidad en los precios del petróleo y los problemas geopolíticos, pero insiste en que México cuenta con herramientas para amortiguar sus efectos. El principal instrumento seguirá siendo el estímulo al IEPS para contener el precio de los combustibles, aun a costa de ingresos fiscales en el corto plazo. La lógica es mantener controlada la inflación y proteger el poder adquisitivo, replicando esquemas utilizados en coyunturas similares de alta volatilidad.
Finalmente, el secretario envió una señal de estabilidad en variables clave como el tipo de cambio y la relación con Estados Unidos. Consideró que el peso se mantiene dentro de un rango estable —cercano a las 18 unidades por dólar—, respaldado por la liquidez del mercado y la confianza en los fundamentales de la economía mexicana. También asegura que las reuniones con autoridades de Estados Unidos, en el marco de la Convención Bancaria —las cuales fueron abordadas el viernes en este espacio—fueron positivas y que la comunicación es fluida en temas financieros y de cumplimiento, en medio de la revisión del T-MEC y de los procesos de evaluación internacional en materia antilavado.
Hacienda busca articular una nueva etapa del modelo económico, manteniendo el énfasis social, pero acompañarlo de digitalización, inversión y crédito como motores de crecimiento.
El asunto es que hoy el mercado proyecta que México crecerá 1.5%, es decir, la mitad de lo que estima el secretario de Hacienda. A lo largo del año se irá viendo si el gobierno vuelve a ganar la partida de los pronósticos o se queda corto, como también ha sucedido muchas veces.
Posdata 1
Quien se dejó ir con todo contra la concentración de los clientes y las ganancias del sector bancario fue, ni más ni menos que el expresidente de la Asociación de Bancos de México, Daniel Becker, quien criticó que México tiene una penetración de crédito de apenas 38% del PIB —con la promesa de elevarlo al 45%—, mientras que los niveles de rentabilidad de los cinco principales bancos son de los más altos del mundo.
Sin mencionarlos por su nombre, el director del Grupo Mifel se refirió a BBVA México, encabezado por Eduardo Osuna; Santander México, dirigido por Felipe García Ascencio; Banorte, de Marcos Ramírez; Banamex, a cargo de Manuel Romo; y HSBC México, dirigido por Jorge Arce. Este grupo concentra buena parte de los activos, depósitos y utilidades del sistema, en un sector donde apenas ocho bancos sistémicos generan la mayor parte de las ganancias.
La explicación, como planteó Becker, está en un modelo que privilegia la rentabilidad sobre la intermediación. Estos bancos operan con una base cautiva de clientes, sobre todo en nómina, que les permite fondearse prácticamente a costo cero, pagando rendimientos mínimos a los ahorradores, mientras colocan crédito con altos márgenes o invierten en instrumentos gubernamentales. El negocio es altamente rentable, pero deja fuera a las pequeñas y medianas empresas, que son el motor de la economía.
El problema entonces no es solo regulatorio ni de certeza jurídica, sino de competencia e incentivos para los jugadores pequeños y medianos. Porque mientras no exista movilidad real de los depositantes, los grandes bancos no tienen presión para pagar mejor ni prestar más. La digitalización ha avanzado, pero no ha roto la concentración. Por eso la crítica de Becker pega donde más duele: el sistema financiero mexicano es sólido y rentable, pero los cinco grandes siguen operando con una lógica que prioriza utilidades antes que el financiamiento al crecimiento del país.
Posdata 2
El secretario de Hacienda, Edgar Amador, también habló de la crisis en el Medio Oriente que han disparado los precios del petróleo, los fertilizantes y otras materias primas. Reiteró que el principal instrumento del gobierno para contener presiones inflacionarias seguirá siendo el estímulo al IEPS en combustibles. Reconoció que se trata de un mecanismo que implica un costo fiscal, pero que está diseñado para amortiguar choques externos, particularmente en el precio del petróleo, y proteger el poder adquisitivo de las familias. La lógica es la misma que se utilizó en episodios como el de 2022: cuando suben los precios internacionales, el gobierno reduce el impuesto para evitar que el impacto se traslade por completo al consumidor.
Esa estrategia ya comenzó a desplegarse. La Secretaría de Hacienda volvió a aplicar estímulos al IEPS en gasolinas Magna y Premium, algo que no ocurría desde 2025 en el caso de la verde y desde 2023 en la roja. Para la semana del 21 al 27 de marzo, el estímulo para la Magna es de 24.08%, lo que reduce la cuota del impuesto a 5.08 pesos por litro desde 6.70 pesos, mientras que en la Premium el apoyo es de 7.47%, con un IEPS de 5.23 pesos por litro.
La apuesta, como lo reconoció Amador, es privilegiar la estabilidad de precios y el consumo interno, incluso a costa de presiones fiscales de corto plazo. A ver cómo les sale dicha estrategia.
Posdata 3
Cero y van tres. Este fin de semana, Pemex confirmó un nuevo derrame de hidrocarburos en las inmediaciones del complejo en Tabasco, con lo que suman tres incidentes en menos de un mes, incluyendo un incendio mortal y contaminación en costas del Golfo.
El problema de origen tiene nombre y apellido: Rocío Nahle. Como secretaria de Energía del gobierno de López Obrador, su única encomienda era sacar adelante la refinería insignia del sexenio, y lo hizo con un sobrecosto monumental que pasó de 7 mil a más de 21 mil millones de dólares, en medio de opacidad, corrupción e improvisaciones. Hoy, esa obra no opera a su capacidad y además acumula fallas, accidentes y episodios que evidencian que nunca estuvo lista para funcionar con seguridad ni eficiencia.
Lo más grave es que el costo ya no es solo financiero para todos los mexicanos. El incendio reciente dejó cinco muertos, los derrames han contaminado agua y ecosistemas, y las comunidades cercanas enfrentan riesgos crecientes mientras el proyecto sigue sin cumplir su promesa de autosuficiencia energética. Tres incidentes en semanas no son coincidencia. Y mientras Nahle despacha ahora como gobernadora de Veracruz, Dos Bocas se consolida como el recordatorio más caro, fallido y peligroso de un proyecto que nunca debió ejecutarse.


