Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 24 de abril del 2026.

Históricamente, el contrato social se basaba en una promesa implícita: entrega tu vida, tu esfuerzo y tu salud al crecimiento del país, y el Estado garantizará tu dignidad en el invierno de la vida, hoy para miles de trabajadores jubilados de Pemex y pensionados en todo México, esa promesa no solo se ha roto; ha sido pisoteada bajo la bota de una agenda política que prioriza el clientelismo sobre el mérito.

​Hablar de los trabajadores de confianza de Pemex es hablar de una generación que no conoció horarios, fueron ellos quienes, durante 30 años o más, mantuvieron a flote la columna vertebral económica de la nación, sacrificaron cumpleaños, cenas familiares y salud física bajo el sol de las plataformas o el rigor de las refinerías, no lo hicieron por una dádiva, sino con la certeza de que su jubilación era un derecho sagrado, un salario ganado con el sudor de décadas de trabajo.

​Sin embargo, la narrativa oficial actual parece haber olvidado que la riqueza que hoy se reparte en programas sociales no surgió de la nada; fue generada por estos hombres y mujeres que hoy son tratados como ciudadanos de segunda clase.

​Resulta una contradicción ética insoportable que, mientras se presume la entrega masiva de becas y apoyos a sectores que no han aportado al sistema, se les arrebate el sustento a quienes ya cumplieron con su parte del trato, el uso de los fondos de ahorro y la reingeniería presupuestal han dejado a los jubilados en la incertidumbre.

No hay medicinas, y esto no es solo un eslogan de protesta; es la realidad de abuelos que deben elegir entre comer o comprar el fármaco que los mantiene vivos, las instituciones de salud, antes pilares de seguridad, hoy ofrecen salas de espera vacías de insumos pero llenas de desesperanza.

​El trasfondo de esta crisis es puramente político, se está desvistiendo a un santo para vestir a otro.

Al desviar los recursos de los fondos de pensiones y del sistema de salud hacia transferencias directas y opacas, el gobierno no está buscando la justicia social, sino la lealtad electoral, es un intercambio perverso, se le quita la dignidad al que trabajó para comprar la voluntad del que aún no lo hace.

​En pocas palabras, la jubilación no es un regalo del gobierno en turno, es el fruto de una vida de trabajo, “robarla” para financiar una agenda política no es transformación, es saqueo.

​México está en deuda con sus jubilados y pensionados, es una vergüenza nacional que quienes levantaron este país hoy tengan que mendigar atención médica o ver cómo sus ahorros se diluyen en el gasto corriente del Estado, la verdadera transformación de un país no se mide por cuánto dinero se regala, sino por cómo se respeta a quienes ya entregaron su vida por él.

​Si el sistema político actual continúa dándole la espalda a sus trabajadores más leales, no solo estará agotando las finanzas públicas, sino que estará extinguiendo la base moral de la nación.

En fin, hoy Morena instalado en el Poder, paga la lealtad con atropellos, no con justicia.