Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 26 de junio de 2026.
No perdamos de vista la vieja y cínica frase atribuida al cacique Potosino, Gonzalo N. Santos, que hoy resuena con más fuerza que nunca en los pasillos del Congreso del Estado: “La moral es un árbol que da moras”.

Para la actual legislatura, esa máxima no es un chiste del pasado, sino que se ha convertido en el manual de la operación diaria, los que llegaron con la promesa de barrer las escaleras de arriba para abajo terminaron usando la escoba para esconder la basura debajo de la alfombra, y, golpear con ese mismo palo, a quienes critican su grotesca simulación.
El reciente y vergonzoso escándalo que envuelve a la diputada Victoria Gutiérrez Pérez no debe ser tomado como un hecho aislado, es la radiografía de un sistema dañado por el nepotismo, la extorsión laboral, y una complicidad que raya en lo criminal.


El lamentable caso expuesto por la señora María Isabel Fernández Saldaña, una persona de la tercera edad, es de una crueldad qué indigna y revuelve el estómago, no bastó con la humillación y el maltrato por parte de dicha diputada antes de correrla de su puesto para meter a su hija, sino que la diputada minatitleca presuntamente le quitaba 5 mil pesos mensuales de su salario.

Esta práctica,-de llegarse a comprobar– vulgarmente conocida como “moche”, es una de las formas más ruines de corrupción, apropiarse del esfuerzo ajeno valiéndose del poder del cargo, es un acto abusivo, frente a esto, la Unidad de Equidad y Género, a cargo de Rocío del Carmen Bautista Parada, y la Contraloría Interna, cuya titular es Tomasa Alemán Rogel, han demostrado un letargo que no es ineficiencia, sino que parece, por un lado, franca protección al fuero, e indiferencia frente a la humillación a una mujer vulnerable.

Pero la rueda de la podredumbre qué recorre todas las plazas públicas no se ha detenido, y es que, el diputado, Marcelo Ruiz Sánchez ha salido a decir que, no hay problema en darle trabajo a la gente que acompañó a legisladores en sus campañas, declaración que no solo exhibe su ignorancia, sino su conveniencia.

Al diputado se le “olvida” el artículo 63 bis de la Ley General de Responsabilidades Administrativas y el artículo 4 de la Ley Federal de Austeridad Republicana, la ley es tajante; contratar a familiares directos es una falta administrativa grave que encuadra en dicho artículo, y, se castiga con la destitución e inhabilitación, no es un asunto de interpretación, es un delito administrativo.
Desgraciadamente no hay forma de castigar el nepotismo porque el ejemplo viene desde arriba, el verdadero elefante en la sala-ese que todos ven pero fingen ignorar por puro “valemadrismo-se llama Esteban Bautista Hernández, el Presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) tiene el Congreso convertido en una sucursal familiar, su sobrina, Patricia González Bautista, controla la Dirección de Recursos Materiales, mientras que su primo, Francisco Javier Ramírez, maneja la Dirección de Recursos Humanos.

El cinismo es redondo; la familia en el área de compras, y a quién se contrata, bajo esa sombra protectora, el resto de los legisladores se sienten con licencia para hacer lo que quieran, no hay orden ni respeto a la Constitución, ni a la Ley.

Ahí está el caso-nos dicen nuestras fuentes al interior del congreso-de la diputada Ingrid Calderón, jugando al despiste al colocar, en una especie de nepotismo cruzado, a su sobrina, Estefania Calderón, en otra oficina para simular que no hay parentesco, o el caso de la hermana de la diputada Selene Ivonne Durán, por el mismo rumbo.


Todos “acuerpados”, normalizando el nepotismo y los actos deshonestos, la renuncia de la hija de la diputada Victoria Gutiérrez no es un acto de justicia, es una torpe y burda maniobra de control de daños, antes de que los desnude por completo. Al tiempo.


