Técnicos y Profesionistas Petroleros, son ignorados en sus reclamos salariales.

Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 23 de septiembre de 2026.

​El edificio “inteligente” de Pemex en Coatzacoalcos, fue escenario de una legítima manifestación en sus demandas, y trágica-podría decirse-en su contexto.

Los miembros de la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros (UNTyPP) salieron a las calles a exigir justicia salarial, trato igualitario frente al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) y un ajuste salarial razonable que les permita hacer frente a la inflación desbocada que devora el poder adquisitivo de activos y jubilados.

​La protesta es incuestionable en el plano económico y constitucional, y es que la inflación no discrimina entre un obrero sindicalizado y un técnico de confianza, los precios de la canasta básica no hacen descuentos en el supermercado o en la tienda de la colonia dependiendo del contrato laboral.

Mientras a la cúpula sindical tradicional del STPRM se le garantizan aumentos, prebendas y revisiones contractuales a modo y a gusto, a los profesionales capacitados, aquellos que sostienen la operatividad técnica y la seguridad de la golpeada empresa Paraestatal, se les castiga con la indiferencia y con el ninguneo institucional.

​Sin embargo, el aspecto más punzante o hiriente de esta protesta no radica únicamente en la sordera burocrática de Pemex, sino en la memoria política de la propia UNTyPP.

​Resulta imposible analizar esta crisis sin recordar el entusiasta respaldo y confianza que este gremio otorgó en 2018 al expresidente Andrés Manuel López Obrador.

En aquel momento histórico había mucha fe, movilizados por la promesa del “rescate soberano” y la justicia laboral, empeñaron su voto y su capital político con la esperanza de ser escuchados y atendidos en sus reclamos y demandas, la realidad posterior fue un portazo en la cara del ex mandatario, uno de los personajes más mentirosos y destructores qué llegó a la silla presidencial.

Una vez en el poder, el gobierno no solo mantuvo intacto el trato preferencial hacia los viejos vicios del sindicalismo corporativo, a Romero Deschamps ni siquiera lo tocaron, y le otorgó una jubilación generosa, sino que relegó a los técnicos de confianza al rincón del olvido contractual.

​Esta manifestación pacífica en Coatzacoalcos expone una vez más, a una administración petrolera castigada por deudas y deficiencias estructurales que pretende cuadrar sus números, ahogando el salario de su personal profesional calificado, y expone nuevamente, el amargo despertar de un sector que creyó en el discurso del cambio y terminó descubriendo que, para la alta política, los técnicos y profesionistas de confianza, registrados como sindicato en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, sólo son útiles para el discurso electoral.

​En fin, exigir un salario justo no debe entenderse como un privilegio, sino como un derecho constitucional, pretender que los profesionales de Pemex absorban en soledad el impacto inflacionario mientras sostienen la producción de la empresa, es un contrasentido peligroso.

Si la política energética pretende ser viable, la “austeridad” no puede seguir traduciéndose en discriminación salarial para quienes verdaderamente saben operar la industria, así que no sorprenda a nadie si las manifestaciones se radicalizan y se convierten en otro dolor de cabeza para el gobierno. Al tiempo.