A sus 79 años, José Ignacio Molina denuncia que fue víctima de un presunto despojo de su vivienda, luego de que, según su testimonio, prestó las escrituras a su nuera, Adriana García Cervantes, para respaldar un trámite hipotecario que terminó con modificaciones registrales que, asegura, nunca autorizó.

El adulto mayor afirma que también fueron falsificadas firmas y documentos para cambiar la titularidad del inmueble, por lo que acudió ante las autoridades para recuperar su patrimonio.

LE PRESTÉ LAS ESCRITURAS

José Ignacio recordó que hace aproximadamente 20 años recibió en su hogar a su hijo y a Adriana García Cervantes, quienes regresaron de Oaxaca después de concluir sus estudios.

Ella estaba embarazada y, con la intención de apoyarlos para que no tuvieran que pagar una renta, les permitió vivir en su casa ubicada en la calle Jacintos número 64, del fraccionamiento Rancho Alegre 1, sin imaginar que con el paso del tiempo enfrentaría un conflicto legal por la propiedad.

“Yo nunca me imaginé que esta niña estuviera tramando algo. Nadie puede adivinar, desgraciadamente. En una ocasión mi esposa me dijo que ellos querían comprar una casa y necesitaban una hipoteca. Yo le dije que no había ningún problema, que la podían solicitar y que se pagaba, pero necesitaban que alguien los avalara. Entonces yo dije: ‘Sí, yo voy a avalar’. No importaba si había algún atraso, yo veía cómo le hacía con mi trabajo”, relató.

El adulto mayor explicó que en ese entonces trabajaba como operario y en mecánica de piso en el complejo petroquímico La Cangrejera, donde, dijo, tenía como compañero y amigo a Francisco Valederas. Bajo la confianza que existía entre los integrantes de su familia, accedió a entregar las escrituras del inmueble para que fueran utilizadas en el trámite que, según le habían explicado, correspondía a una hipoteca.

“Pasó el tiempo y me dijo que necesitaba que le prestara las escrituras. Yo le dije a mi mujer: ‘Ahí dáselas y que te las regrese luego; que te diga cuándo te las va a devolver’. Pero pasó el tiempo y como yo estaba trabajando, no me di cuenta de lo que estaba ocurriendo. Las escrituras no aparecieron. Después me llegó un aviso y fue cuando empecé a enterarme de que había un problema. Para mí se me hizo fácil porque pensé que se trataba solamente del aval, pero no era eso”, afirmó.

YA NO VIVE EN COATZACOALCOS

De acuerdo con su versión, Adriana García Cervantes habría acudido al Registro Público de la Propiedad y realizado modificaciones relacionadas con la titularidad del inmueble, para posteriormente trasladar las escrituras a Oaxaca.

José Ignacio aseguró que originalmente la propiedad aparecía a su nombre y al de su nuera, pero posteriormente descubrió que los documentos habían sido modificados para colocar como propietarios a Mauro García y a una mujer de apellido Cervantes, quienes serían los padres de Adriana.

El denunciante señaló que, con el paso del tiempo, su nuera dejó de vivir en Coatzacoalcos y se trasladó a Oaxaca, mientras él continuó intentando esclarecer qué ocurrió con su patrimonio.

Aseguró que incluso buscó asesoría legal y acudió a la Fiscalía para iniciar una carpeta de investigación, con la esperanza de recuperar las escrituras y aclarar la situación jurídica de la vivienda.

FALSIFICÓ FIRMAS Y DOCUMENTOS

José Ignacio sostiene que nunca autorizó los cambios realizados en los documentos y que tampoco recibió dinero por la propiedad, por lo que considera que pudo haber sido víctima de una falsificación de firmas y documentos.

Aseguró que al revisar las escrituras encontró firmas que no reconoce como propias y que, hasta la fecha, no ha recibido ningún pago relacionado con la operación.

“Ella falsificó firmas, hizo documentos y no sé qué tanto más. Cuando vi las firmas dije: ‘Esta no es mi firma’. Yo no firmé eso, porque para empezar ella nunca habló conmigo para hacer algo así y tampoco me dio un peso hasta la fecha. Ni un peso me dio. Yo solamente presté las escrituras porque confié en que se trataba de un trámite para una hipoteca, pero después descubrí que las cosas eran completamente diferentes”, expresó.

El adulto mayor lamentó que el conflicto haya surgido dentro de su propia familia, pues, pese a lo ocurrido, asegura que mantiene preocupación por su hijo y sus nietos. Recordó que durante años apoyó a sus familiares y que incluso permitió que vivieran en su casa, al considerar que se trataba de una forma de ayudar a sus seres queridos.

“Yo dije: ‘No seas así, es la familia, es mi sangre; mis nietos son mi sangre, mis nietas son mi sangre y mi hijo es mi sangre’. Yo los ayudé por eso, así como he ayudado a mis otros familiares. Tengo tres hijos y siempre he tratado de apoyarlos. La casa que es mía está pagada, costó alrededor de 455 mil pesos, y ahora resulta que la situación de la hipoteca y los documentos está a nombre de Adriana. Está bien que ya estoy viejo, pero no soy tonto. Yo sé lo que hice y sé que nunca autoricé que me quitaran mi patrimonio”, puntualizó.

José Ignacio afirmó que, ante la falta de comunicación con su nuera y la incertidumbre sobre la situación legal de la propiedad, continuará buscando apoyo jurídico y de las autoridades para esclarecer los hechos. Su principal petición, dijo, es recuperar la certeza sobre la vivienda que adquirió con años de trabajo y que, a sus 79 años, representa no solo un patrimonio económico, sino también el resultado de toda una vida de esfuerzo.