Bajo el icónico estribillo de “Una limosna para este pobre Viejo… que ha dejado hijos para el Año Nuevo”, las avenidas del centro de Coatzacoalcos se inundaron de algarabía.
Con el sonar de los tambores y el baile característico, los porteños comenzaron los festejos para despedir al 2025, recibiendo con optimismo y fe la llegada del próximo 2026.
La tradición de “El Viejo”, no solo representa el cierre de un ciclo cronológico a través de la quema de un monigote, sino que se ha convertido en una herramienta de cohesión social para las familias.
Más allá del festejo, uno de los participantes personificados del viejo con su peluca colorida, dijo de la urgencia de heredar esta costumbre a los más jóvenes.
“No es solo por la fiesta; a los chamacos hay que enseñarles, hay que enseñarles a que las tradiciones no acaben”, señaló.
Hizo hincapié en que estas actividades ofrecen una alternativa positiva ante los riesgos del entorno.
El testimonio fue contundente respecto a la realidad que se vive en las calles, “Porque hay mucha delincuencia, hay mucha droga, es mejor este momento para que se les llegue a los niños, a los adultos y a nosotros mismos” puntualizó.
Reiteró que la música y el baile del Viejo son momentos de unidad que blindan a la comunidad.
Con gran ilusión y ánimo, la ciudadanía del puerto continúa los preparativos para la noche del 31 de diciembre. La quema del Viejo simboliza dejar atrás las adversidades del año saliente para dar una bienvenida digna y llena de esperanza al 2026.


