Nueva York.— En febrero, el presidente de Estados UnidosDonald Trump, calificó el show de Bad Bunny como “una afrenta a la grandeza y estándares” de su país. Por primera vez, en un espectáculo del medio tiempo en el Super Bowl, se hablaba —en su totalidad— en castellano.

En un contexto en el que las políticas contra inmigrantes cobraron impactante fuerza, alzar la voz en español significó un fuerte golpe al polémico mandatario.

Cinco meses después, el espectáculo deportivo más grande en el mundo llega a su fin en la zona aledaña a Nueva York, en la casa de los Giants y los Jets de la NFL.

En la final del Mundial 2026, de nueva cuenta, se hablará en su totalidad en castellano, con Argentina y España en la disputa por la anhelada Copa FIFA.

Estados Unidos, país donde habitan cerca de 53 millones de inmigrantes, fue coanfitrión de esta Copa del Mundo, junto a México y Canadá. Pese a que nuestro país fue sede, en los primeros partidos hubo conferencias de prensa en territorio norteamericano en las que el castellano fue prohibido.

Todo comenzó cuando al marroquí Achraf Hakimi, al brasileño Vinícius y al neerlandés Frenkie de Jong, no se les permitió responder en español, a pesar de que hablan la lengua. Esto, debido a un tema con la aplicación y los traductores de la FIFA.

Posteriormente, con las críticas desatadas, el organismo integró al castellano a todas sus conferencias. Ironías de la vida: Ahora, en la definición del título mundial, cualquier idioma podría ser “prescindible”, menos el español.