El 20 de enero de 2025, Donald Trump juró por segunda vez como presidente de Estados Unidos. Ese mismo día, arrancó la apisonadora que ha marcado el último año, no sólo en su país, sino en todo el planeta. Llegó tras haber ganado las elecciones con enorme claridad. Con mucho menos margen de lo que él cree, o al menos de lo que presume, pero con una sensación indiscutible de poderío y el convencimiento de haber recibido un mandato casi total para hacer, deshacer y transformar la nación y la sociedad. 12 meses después, tras despedir a cientos de miles de funcionarios, sacar la motosierra, bombardear siete países, el caso Epstein o las amenazas a aliados históricos, la popularidad del presidente está en niveles mínimos y las perspectivas de éxito en las midterm, las elecciones de medio mandato de noviembre, son muy bajas.

Según Gallup, el índice de aprobación de Trump ha caído 11 puntos en apenas un año, del 47% al 36%. Según datos de la CNN en una macroencuesta publicada esta semana, una mayoría de los estadounidenses, el 58%, califica el primer año del mandato de Trump como un fracaso. La media de sondeos se sitúa en torno al 42% de aprobación (45% según la última encuesta de The Wall Street Journal, el 41% según Reuters/Ipsos, con un 55% de desaprobación de su gestión), similar a la de su primer mandato, a la de Joe Biden en este mismo momento de su mandato y algo inferior a la de otras presidencias recientes. Una semana después de que el Trump asumiera el cargo, el 37% de los estadounidenses pensaba que el país iba por buen camino, frente al 50% creía que iba por mal camino. Hoy, esas cifras son del 31% y del 61%, respectivamente.

Pero aunque esa cifra siga estable, la mayoría afirma que el líder republicano se centra en las prioridades equivocadas y hace muy poco para abordar el principal problema que tiene Estados Unidosel coste de la vida. Aunque el país está sacudido por una política exterior intervencionista y anexionista, por el despliegue del ICE y batallas campales en ciudades como Mineápolis, por un embrión de crisis constitucional e infinitos frentes abiertos, hay poca dudas de que las elecciones legislativas de noviembre girarán en torno a la economía, a la affordability, un término que el presidente se empeña en decir que es un invento fake de la oposición.

Al mismo tiempo, las encuestas revelan que, si bien Trump es visto como una amenaza para la democracia, la estabilidad y la economía por los votantes demócratas, y que está perdiendo a marcha forzadas a los independientes y colectivos como los hispanos, sigue contando con los republicanos. Independientemente de lo que haya hecho o dejado de hacer. Así, según la última encuesta de CBS, publicada estos días, el 59% de los ciudadanos desaprueba la Presidencia de Trump y el 41% la respalda. El 97% de lo demócratas y casi el 70% de los independientes y no afiliados están en esa línea. Sin embargo, el 90% de los votantes republicanos aprueba a Trump.

Igualmente, aproximadamente el 87% aprueba, en líneas generales, su política exterior y el 83% piensa que esta ha ayudado a fortalecer la posición de Estados Unidos en el mundo. Aunque la amplia mayoría de los estadounidenses se oponen a una anexión forzosa, una intervención militar e incluso la compra de Groenlandia, el presidente parece indiferente. Según datos de YouGov de esta semana, sólo el 9% apoya que Estados Unidos utilice la fuerza militar para tomar el control de Groenlandia y el 72% se opone a ello totalmente. La gran mayoría de los demócratas (92%) e independientes (73%) se oponen a que Estados Unidos utilice la fuerza militar. Ocurre algo similar entre los republicanos: un 52% se opone, frente a un 22% que lo vería bien. El 86% de los votantes encuestados a nivel nacional en un sondeo de la Universidad de Quinnipiac -el que utiliza la cadena Fox en sus noticias- se opondría a una acción militar. Esto incluye al 95% de los demócratas, al 94% de los independientes e incluso a más de dos tercios (68%) de los republicanos encuestados.

Los números deberían preocupar a la Casa Blanca, sobre todo tras los malos resultados en las elecciones estatales y municipales del pasado noviembre, pero como en torno al 80% de los republicanos de la Cámara de Representantes y el 90% del Senado han sido elegidos en distritos o estados donde Trump ganó por 10 puntos o más, el temor a la sangría de indecisos o independientes es, todavía, moderado. Importan los fieles. Y a estos les da igual la política exterior; les preocupa sobre todo el bolsillo. “Trump es el arma secreta del partido de cara a noviembre”, repiten los responsables republicanos.

Los estadounidenses creen que la economía es ahora mismo lo más importante, por un margen de casi dos a uno sobre cualquier otro tema. Los sondeos se han mantenido bastante estables durante los últimos dos años y menos de tres de cada 10 personas valoran la situación económica positivamente. Lo que ha cambiado en las últimas encuestas es el creciente pesimismo, pues sólo cuatro de cada 10 esperan que la economía sea buena dentro de un año, en comparación con el 56% justo antes de que Trump asumiera el cargo. Una mayoría del 55% afirma que las políticas de Trump han empeorado la situación económica del país, mientras que sólo el 32% cree que la han mejorado. La mayoría, el 64%, sostiene que no ha hecho lo suficiente para intentar reducir el precio de los bienes de consumo diario. Incluso entre los votantes republicanos esta es la sensación dominante, y aproximadamente la mitad opina que debería estar haciendo más, así como el 42% entre los republicanos que se adscriben al movimiento Make America Great Again.

Los datos coinciden con la última encuesta de AP, que muestra cómo sólo el 37% de los adultos aprueba la gestión económica de Trump, algo mejor que el 31% que decía lo mismo en diciembre. Aproximadamente seis de cada 10 adultos estadounidenses afirman que Trump ha contribuido más a incrementar el costo de la vida en su segundo mandato, mientras que sólo dos de cada 10 consideran que ha contribuido a mejorar la situación.

Pero no es sólo el dinero, la inflación, el alquiler, el empleo. Sólo el 36% de los ciudadanos, según CNN, piensa que el presidente está priorizando correctamente, en comparación con el 45% al comienzo de su mandato. Sólo un tercio de los estadounidenses afirma ahora creer que Trump se preocupa por personas como ellos, una cifra inferior al 40% de marzo pasado, la peor calificación de su carrera política. Y sólo el 37% afirma que Trump antepone el bien del país a su beneficio personal. Incluso la aprobación de la política migratoria, el gran activo de Trump, ha perdido 12 puntos en los sondeos de la CBS.