Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 8 de marzo del 2026.
En política, la congruencia es lo primero que se pisotea cuando se trata de asegurar el poder, lo que hoy estamos viendo en Veracruz es un espectáculo de maromas, donde el discurso de la gobernadora Rocío Nahle, choca frontalmente con el vulgar pragmatismo de Esteban Ramírez Zepeta, dirigente estatal de Morena.

Y es que, mientras la jefa política mantiene una postura, digamos, de “fuego cruzado” contra Movimiento Ciudadano (MC), su brazo partidista parece estar muy ocupado abriendo la puerta para los mismos personajes que ella califica de “non gratos”, por los antecedentes que los preceden.
Desde el palacio de gobierno el discurso es de confrontación total, con calificativos fuertes, no es secreto que MC se convirtió en la “piedra en el zapato” tras la pasada elección municipal, donde se consolidó como la segunda fuerza política con cerca de 40 alcaldías, de las cuales, el dirigente guinda ha venido “diezmando”.
Para Rocío Nahle, el partido naranja no es solo oposición, es un objetivo retórico al que frecuentemente vincula con malas prácticas, sin embargo, en política, el odio suele ser selectivo y momentáneo, lo hemos visto una y otra vez, mientras abajo, en el inframundo, los fanáticos se desgarran las vestiduras, arriba pactan a conveniencia sus propios intereses.
La estrategia de Ramírez Zepeta parece operar bajo una lógica distinta, se trata de sumar y multiplicar, pero a veces las sumas también restan en política porque tienen un costo moral, sobre todo porque Morena prometió ser diferente, y en los hechos esta resultando mucho peor.
El ejemplo más estridente de esta contradicción es Jesús “chucho” Uribe, alcalde de Las Choapas, su incorporación a las filas guindas no es un simple cambio de camiseta; es una muestra del más rancio cinismo político, porque, ¿Cómo pasa un personaje cuestionado por la propia gobernadora por tener antecedentes penales, de ser un adversario indeseable, a ser un flamante aliado?

Los rumores de pasillo dicen que la “purificación” política de Uribe incluye un blindaje judicial sobre temas del pasado, más grave aún, un pacto de silencio sobre la administración saliente, ha trascendido que, la protección es en dos vías, es decir, si “chucho” Uribe garantiza no hurgar en el presunto daño patrimonial de la ex alcaldesa, Mariela Hernández, hoy titular estatal de Salud, el círculo de impunidad y de complicidades se cierra perfectamente.
Ahora bien, todo esto revela una verdad muy incómoda.
Morena en Veracruz está “transformándose” hacia el mismo modelo que tanto criticó del pasado, la llegada o incorporación de alcaldes bajo supuesta presión o por conveniencia mutua no fortalece la ideología de este partido; y solo se ve como un partido oportunista, incapaz de seguir sosteniendose electoralmente por si mismo.

La falta de sintonía o de acuerdos entre la Jefa Política y el Dirigente Estatal no parece ser un error de comunicación, sino más bien una estrategia de “el bueno y el malo”, mientras Rocío Nahle mantiene la superioridad moral en el discurso, Zepeta hace el trabajo sucio en las cañerías de la política.
Finalmente, los colores cambian, pero los vicios permanecen, la “Cuarta Transformación” en Veracruz corre el riesgo de convertirse en un simple reflejo del viejo régimen, donde el enriquecimiento personal y la supervivencia política pesan más que los principios que alguna vez prometieron defender. A tiempo.


