Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 19 de marzo del 2026.

​La reciente visita de los magistrados del Tribunal de Disciplina Judicial al Distrito Judicial de Coatzacoalcos para supervisar la evaluación del desempeño de jueces y secretarios, pretende enviar un mensaje de rigor y transparencia.

Auditar el trabajo en los Juzgados de Proceso Penal Oral y de Justicia Familiar es un paso necesario para una impartición de justicia digna, sin embargo, en Coatzacoalcos, la justicia no sólo tropieza con la burocracia, sino que se ahoga irónicamente en el lodo de una obra inconclusa.

Mientras el Tribunal de Disciplina Judicial busca “fortalecer el sistema”, a unos metros de los juzgados familiares y penales, la prometida “Ciudad Judicial” se erije como un monumento al desperdicio y la falta de planeación.

​El discurso del Poder Judicial y el respaldo político a esta obra por parte de la administración estatal chocan de frente con la realidad física: una obra de 100 millones de pesos que hoy está parada, si el Tribunal de Disciplina Judicial tiene como fin último la excelencia en el servicio, su lupa no debería limitarse al rendimiento de los jueces, porque, ¿quien evalúa a los responsables de la licitación de esta obra?

La disciplina debe ser integral, se ignoraron las advertencias de expertos, así como de las barras, los colegios, y de la Federación de Abogados, por conducto de su delegado Juan Carlos Charleston Salinas, hoy, las lluvias confirman que el terreno es una zona inundable, construir ahí no fue un error técnico, fue una negligencia administrativa.

Resulta inadmisible que tras una inversión millonaria, presuntamente el argumento para detener los trabajos sea que “el presupuesto no alcanzó, en una obra de esta magnitud, los contratos y las fianzas de cumplimiento deben garantizar la entrega.

​La situación adquiere un tinte de urgencia geopolítica, ya que Coatzacoalcos es la pieza clave del Corredor Interoceánico, un proyecto que promete atraer inversiones globales y dinamizar el comercio internacional, por ello, resulta absurdo que el epicentro de este desarrollo económico carezca de una infraestructura judicial moderna y funcional, una “Ciudad Judicial” a medias es el reflejo de una justicia a medias.

​El personal del propio Órgano de Disciplina que estuvo a cargo de vigilar esta licitación debe ser llamado a cuentas, no basta con evaluar la rapidez con la que un juez dicta una sentencia si los usuarios y trabajadores tienen que peregrinar en instalaciones deficientes mientras millones de pesos se hunden en un terreno pantanoso.

​La evaluación de desempeño es correcta, pero si no se investiga a fondo la cadena de mando que autorizó y mal gestionó la Ciudad Judicial de Coatzacoalcos, estas visitas de los magistrados no pasarán de ser un ejercicio de relaciones públicas.

La justicia no se imparte, también se edifica, y en Coatzacoalcos los cimientos están bajo el agua, y las responsabilidades administrativas y penales, también.