Los servicios avanzaron 4 por ciento anual y la industria 2.4, mientras el agro restó. Con cifras originales, el acumulado enero-julio ya es de 1.5 por ciento.
El jueves pasado, el INEGI publicó el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) de julio y confirmó lo que veníamos señalando en este espacio: la economía mexicana aceleró. La actividad creció 0.8 por ciento a tasa mensual y 3.3 por ciento en cifras anuales, el nivel más alto en lo que va del año.
Los servicios avanzaron 4 por ciento anual y la industria 2.4, mientras el agro restó. Con cifras originales, el acumulado enero-julio ya es de 1.5 por ciento.
La magnitud de la sorpresa se mide contra los propios adelantos del instituto. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) anticipó hace un mes un avance mensual de apenas 0.1 por ciento para julio; el 22 de septiembre lo corrigió a 0.6 y, dos días después, la cifra observada resultó de 0.8.
No es un episodio aislado: desde abril, modelos y analistas se han quedado cortos frente a los datos.
Con julio ya publicado y con la estimación del IOAE para agosto —un avance mensual de 0.1 por ciento y de 2.5 por ciento anual—, el tercer trimestre está prácticamente escrito.
Cálculos sobre la serie desestacionalizada apuntan a un crecimiento cercano a 0.7 por ciento trimestral y a 3.2 por ciento anual, por mucho el mejor trimestre del año y muy por arriba de los pronósticos. La solidez del resultado es notable: aun si septiembre cayera 0.5 por ciento mensual, el trimestre daría 0.6 trimestral y 3.0 anual.
El arrastre de julio, por sí solo, ya aseguró el crecimiento del trimestre.
¿Y el año completo? Tomemos dos escenarios para el cuarto trimestre. En el conservador, la economía se congela: cero crecimiento mensual de octubre a diciembre. Aun así, 2026 cerraría con una expansión cercana a 1.9 por ciento.
En el escenario optimista, con avances mensuales de 0.2 por ciento, el año daría alrededor de 2.0. Y hasta en un ejercicio de estrés extremo, en el que la actividad devolviera todo el salto de julio, el crecimiento anual sería de 1.6 por ciento, por arriba del consenso.
Compare usted esos números con los de las encuestas entre expertos. Los analistas interrogados por la encuesta de Banxico apenas subieron su pronóstico a 1.3 por ciento el 1 de septiembre.
La aritmética indica que ese nivel ya quedó rebasado, y por eso la ola de revisiones al alza apenas comienza: el propio Banco de México elevó su estimado central de 1.1 a 1.5 por ciento; la OCDE pasó de 0.8 a 1.5, con el argumento del empuje tecnológico y el efecto rezagado de los recortes de tasas; Fitch subió de 1.0 a 1.4, y Banco Base ya habla de un crecimiento cercano a 1.7.
Hay un detalle que conviene subrayar: el cuarto trimestre casi no mueve el resultado del año. Entre congelarse y crecer, la diferencia es de una décima.
El 2026 se definió en dos escalones: abril, cuando la actividad saltó 1.5 por ciento mensual, y en julio. Lo que resta del año solo ajusta decimales.
Una advertencia adicional: las tasas anuales del último trimestre se moderarán hacia un rango de 2.2 a 2.6 por ciento por la elevada base de comparación de fines de 2025.
Que nadie lea ahí una desaceleración: es solo efecto aritmético. De pilón: si diciembre se queda en el nivel de agosto, 2027 arrancaría con un arrastre estadístico cercano a 0.8 puntos.
¿De qué está hecho este crecimiento? La huella más visible está en el comercio al mayoreo, que avanzó 13.2 por ciento anual en julio. Es el registro contable del auge exportador de equipo de cómputo: la partida 8471 creció 182 por ciento en el primer semestre y explica casi tres cuartas partes del aumento de las exportaciones totales, según cifras de Banxico. México ya es el primer proveedor de estos equipos para Estados Unidos, con una participación récord de 36.8 por ciento, de acuerdo con el Departamento de Comercio.
El segundo motor es la obra pública, visible en una construcción que al segundo trimestre crecía 4.8 por ciento anual; el tercero, el crecimiento en los servicios.
Ese perfil explica también las reservas. Las exportaciones tecnológicas tienen un alto contenido importado, de modo que su impacto en el valor agregado nacional es menor de lo que sugieren los dólares. Banxico mismo advierte que la inversión permanece débil y que el mercado laboral sigue flojo. El crecimiento es real, pero de impacto limitado.
Lo que decidirá si el cierre de año se parece más al escenario optimista que al conservador será la continuidad del crecimiento del canal tecnológico y, sobre todo, lo que ocurra con el tema de los aranceles.
Las cifras son preliminares y habrá revisiones. Pero la dirección es inequívoca: las cuentas de 2026 ya no dan 1.3 por ciento; dan entre 1.8 y 2.0.
Hace un mes escribimos aquí que, para cerrar claramente por encima del consenso, la segunda mitad del año tendría que promediar tasas cercanas a 2 por ciento, y que no era un escenario descabellado.
Con los datos de julio y agosto, va en camino de promediar entre 2.7 y 2.9. Lo que entonces era una posibilidad, hoy es el escenario central.


