Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 25 de abril del 2026.
El municipio de Tatahuicapan se encuentra nuevamente en el ojo del huracán, pero esta vez no por una demanda externa, sino por una fractura interna que huele a las peores prácticas del pasado, la base ejidal, compuesta por casi 400 integrantes que confiaron en Fidencio Bautista Gutiérrez para desterrar el cacicazgo, hoy se enfrenta a una realidad amarga: el redentor resultó ser guardián de los intereses ajenos de un grupo de morenistas.

Resulta paradójico que un liderazgo que nació bajo la promesa de la renovación haya terminado por personas sin escrúpulos, según denuncian los propios ejidatarios, abriendo las puertas a los mismos grupos de poder que juró combatir.
La imposición y exigencia-aprovechado la coyuntura-de obras con constructoras presuntamente vinculadas a figuras políticas-señalando directamente a las de Esteban Bautista-,no es solo un error administrativo; es una claudicación ética, en lugar de priorizar el beneficio colectivo del núcleo ejidal con los proyectos contemplados por el alcalde Vladimir González, el presidente del Comisariado parece haber optado por el esquema de “negocios compartidos”, transformando la lucha social en un botín para unos cuantos.

Lo más alarmante de esta crisis es la recurrente amenaza de utilizar el agua como moneda de cambio, amagar con el cierre de las válvulas de la Presa el Yuribia si no se cumplen sus exigencias, para dejar sin suministro a Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque, es una táctica que ya no encuentra eco en la realidad política actual.
Bautista Gutiérrez parece ignorar que el tiempo del chantaje social como herramienta de gestión ha caducado, “llevar agua a su molino” mediante la parálisis de un recurso vital, situación en la que no están de acuerdo la mayoría del núcleo ejidal, no solo desafía a los gobiernos municipales y estatales, sino que se pone de espaldas a una sociedad civil que ya no está dispuesta a ser rehén de disputas por contratos de obra pública.

La decisión de los inconformes de acudir a la Procuraduría Agraria y el Tribunal Agrario, es el camino correcto, la remoción del cargo por “traición a la confianza” no es un capricho, es una necesidad para sanear las instituciones ejidales que han sido secuestradas por intereses partidistas y personales.
Si la gobernadora Rocío Nahle ha sido enfática en que no se permitirán extorsiones, el caso Tatahuicapan será la prueba de fuego para demostrar que el Estado de Derecho llega hasta la sierra.

El presidente del Comisariado Ejidal debe entender que el poder no es un cheque en blanco para el enriquecimiento personal o el tráfico de influencias, exigir 250 mil pesos por “soltar” los vehículos de limpia pública del municipio Soteapan, así como aliarse con el enemigo público número uno de Tatahuicapan, es lo más ruin que ha hecho.
Los ejidatarios han despertado y, si la legalidad se impone, Fidencio Bautista Gutiérrez podría pasar a la historia no como el líder que liberó al ejido, sino como aquel que intentó perpetuar el cacicazgo bajo un nuevo color, solo para terminar defenestrado por quienes lo llevaron al poder.

La transparencia no es negociable, y el agua de la región mucho menos. Al tiempo.
De salida……
Bien haría el alcalde, Vladimir González, en no acudir hoy por la tarde a la reunión que, mediante “invitación” le hizo el presidente del comisariado y algunos de sus cercanos colaboradores qué buscan chantajear al gobierno municipal de Tatahuicapan.


