Contraesquina Política.

Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 3 de octubre del 2026.

Oiga, la reciente limpia de directores de área en el Ayuntamiento de Nanchital, encabezado por el alcalde José Luis Pérez Salinas, ha desatado un mar de sollozos en pasillos y calles del municipio, sin embargo, más allá del drama, conviene poner los puntos sobre las íes con la ley, y la realidad política en la mano.

No hay que olvidar que en el servicio público los cargos públicos no son eternos.

​Para quienes se indignan y gritan “injusticia”, la respuesta no está en el terreno del pataleo, sino en el Artículo 36 de la Ley Orgánica del Municipio Libre del Estado de Veracruz.

La ley es clara y categórica: el Presidente Municipal, de cualquier municipio, tiene la atribución soberana de remover y nombrar a los directores de área, jefes de departamento y personal administrativo según convenga a su plan o visión política de gobierno.

En Veracruz, ​salvo el Secretario del Ayuntamiento, el Tesorero, el Contralor y el Director de Obras Públicas-cuya remoción exige la aprobación del Cabildo en pleno-, el resto de la nómina ejecutiva de cualquier ayuntamiento, depende exclusivamente del visto bueno de quien ostenta la vara de mando, y, si el alcalde considera que un funcionario ya no encaja en su proyecto, el trámite es muy simple: firma de entrega-recepción, y listo.

No debería haber drama, un político de altura da las gracias, y agradece la oportunidad.

​Es verdad que en la política federal, estatal o municipal, la conformación de los gabinetes suele responder a pactos electorales, grupos políticos que ayudan a construir el triunfo, cobran su cuota e integran a su gente en la estructura de gobierno, sin embargo también, muchos directores cometen el error garrafal de servir abiertamente a dos señores y no respetan al alcalde, o simplemente hay distanciamiento entre el jefe del ejecutivo, y el padrino político de dicho grupo.

Cuando un funcionario no da resultados, o se convierte en el peón de un grupo externo dentro del propio ayuntamiento, el despido no sólo es legítimo, sino que es indispensable para mantener la gobernabilidad, un año en el cargo para demostrar capacidad, lealtad o respeto, es más que suficiente.

Los únicos que tienen garantizada la permanencia de cuatro años, salvo juicio político, renuncia, o algún tema de carácter legal, son los integrantes del Cabildo, llámese alcalde, síndico y regidores, ya que su origen es el voto popular, todos los demás son piezas sustituibles, donde el juego cambia según la estrategia del presidente municipal.

Para terminar pronto, ​el ciclo en Nanchital ha cerrado una etapa para varios funcionarios y abrirá otra para quienes los sustituyan, a los que hoy se duelen del despido hay que recordarles que la función pública se asume con dignidad desde el primer día, y se entrega con sobriedad y dignidad en el último minuto del encargo. Al tiempo.