Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 15 de octubre del 2026.

​La política veracruzana vuelve a exhibir sus entrañas más pragmática, esas donde las siglas partidistas y el discurso de la “austeridad republicana” se desvanecen frente al peso real de los operadores, las estructuras y las viejas prácticas de las imposiciones.

A medida que el juego político avanza, las piezas se mueven con una claridad pasmosa, dejando al descubierto que el verdadero poder habita en las cañerías del control político y presupuestal.

​En este ajedrez, el papel de Juan Javier Gómez Cazarín, quien ha logrado, por cierto, construir una gran estructura política en todo el estado desde su posición estratégica como delegado de los programas sociales, se consolida como el artífice central de la próxima contienda electoral.

Lejos de disimular sus ambiciones, Cazarín teje fino y coloca fichas claves en demarcaciones rentables, ejemplo claro se vislumbra en San Andrés Tuxtla, donde se perfila al actual alcalde y diputado con licencia, Rafael Fararoni, como el próximo candidato a la diputación local, una jugada o movimiento político que de concretarse, lo llevaría directamente a la presidencia de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.

De este modo, el escenario dibuja con nitidez a Gómez Cazarín operando como el indiscutible poder detrás del trono, a Domingo Bahena, actual secretario general del Congreso, repitiendo en el cargo, y a Fararoni como un simple títere.

​Mientras las estructuras se reorganizan bajo nuevos liderazgos, el contraste no podría ser más lapidario para figuras como el actual presidente de la Jucopo, Esteban Bautista Hernández.

​Muy lejos quedó aquel supuesto liderazgo político, Esteban Bautista se ha convertido en la viva estampa de aquello que la retórica oficial prometía combatir, la congruencia política se derrumba cuando este hombre que un día presumió humildad, hoy viaja en camionetas de lujo, y a su pueblo solo llega cuando se trata de un convivio.

El saldo es inevitable, y visible; Esteban Bautista perdió por completo la confianza de los ciudadanos de su distrito, reduciéndose políticamente a nada, atrapado en el desgaste de sus propias contradicciones.

​Ahora bien, se corre el riesgo también de estrellarse contra la realidad social por algunas cuestionables imposiciones qué pretende Juan Javier Gómez Cazarin.

​Es el caso de Cosoleacaque, donde la balanza la quiere inclinar a favor de Jesús Fernández Céspedes, ex delegado de tránsito en Minatitlán, y esposo de la dos veces ex diputada local, y actual diputada federal, Magaly Armenta, cuya trayectoria legislativa es recordada más por el usufructo del presupuesto que por resultados tangibles para la ciudadanía.

​Apostar por Chucho Nopo, como es conocido Jesús Fernández, huele peligrosamente a una derrota anticipada.

No se trata solo de un perfil sin arraigo real, sino de un historial político cargado de sombras, su despido bochornoso de la delegación de tránsito en Minatitlán, tras los presuntos actos de corrupción en contra del chófer del autobús qué trasladaba a niños deportistas provenientes de Campeche, lo registra en la historia como un personaje indigno de ocupar un cargo popular.

Su derrota en las urnas como candidato a la presidencia municipal de Chinameca, así lo demuestra, reciclar perfiles como este lastre, es menospreciar la memoria del electorado.

​Frente a este escenario de imposiciones frágiles, los hermanos Vázquez Parissi, tienen mayores posibilidades de ganar si Morena no reconsidera, y es que, en Cosoleacaque, a menos que ocurra un milagro, el hartazgo ciudadano podría cobrarle la factura a una simulación que ya da muestras de agotamiento, y, ni los programas sociales serán suficientes para blindar este tipo de candidaturas tan cuestionables. Al tiempo.

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