Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 16 de marzo del 2026.
En la política mexicana hemos normalizado un lenguaje “politiquero” que dice mucho pero que en el fondo no explica nada, el reciente anuncio de la regidora Sheyla Jara sobre su separación de la fracción edilicia de Movimiento Ciudadano en Coatzacoalcos es el ejemplo más fresco de una vieja patología; el discurso de “principios” que sirve como cortina de humo para ocultar la realidad.
Cuando un actor político decide romper con la plataforma que lo llevó al poder, suele recurrir a una frase de manual: “mis principios, dignidad y convicciones ya no coinciden con el partido”, es una salida que suena muy elegante, estoica, casi heroica, pero profundamente vacía, sin significado.

En el caso de la regidora Sheyla Jara, dejar la bancada naranja sin profundizar en los motivos reales, ya sean, “moches”, rupturas internas, cambios de rumbo ideológico o acuerdos bajo la mesa, deja al ciudadano en el limbo, adivinando desde ahora qué terminará en Morena, apoyando con su voto todo lo que le pongan en su escritorio.
La servidora pública prácticamente dice que los principios de MC dejaron de ser los suyos, entonces ¿cuáles son esos principios que se rompieron, en qué momento exacto la ruta del partido se desvío de la promesa que le hizo al votante?
El problema de fondo no es la renuncia en sí, porque la libertad de asociación es un derecho, sino la opacidad con la que se maneja, la “grilla barata” se nutre del rumor y el pasillo, la política seria se nutre de la rendición de cuentas, de hablar con la verdad.
El ciudadano que marcó la boleta por un proyecto específico tiene el derecho legítimo de saber por qué ese proyecto se fracturó con uno de sus ediles, que fue lo que lo orillo a ese rompimiento, el voto no debe seguir viéndose como una transferencia de poder absoluto, sino como un mandato que exige explicaciones claras.

Hablar con la verdad y de frente, no debe ser algo secundario, o un accesorio del cargo público, es la base de la legitimidad, de la honestidad y de la transparencia política qué todo funcionario o servidor público debe tener si le queda algo de respeto hacia el electorado.
Mientras los políticos sigan escondiéndose tras adjetivos vagos para no herir susceptibilidades de partido o para no cerrar puertas futuras, la brecha entre la sociedad y sus representantes seguirá creciendo, la renuncia de Sheyla Jara a la fracción de MC es, hasta ahora, un guión a medio escribir, con la misma historia del político insulso y vacío.
Coatzacoalcos no necesita más figuras que se muevan en las sombras de la incertidumbre, de la hipocresía; necesita representantes que tengan el valor de ponerle nombre y apellido a los desacuerdos, lo contrario no es solo una falta de cortesía política, es una falta de respeto a la inteligencia del ciudadano que, al final del día, es quien paga los sueldos y sostiene el sistema.
En pocas palabras, se necesita menos retórica de manual y más cuentas claras, es el mínimo indispensable, porque si a esas vamos, el ciudadano ya sabe en donde termina esta historia. Al tiempo.

