Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 4 de mayo del 2026.

Después de más de cuatro décadas de llevar los colores del Partido Revolucionario Institucional, el diputado Héctor Yunes Landa ha decidido bajar la cortina, su renuncia no es solo la salida de un cuadro con experiencia; es el síntoma de un organismo que se cae a pedazos, pero también es el reflejo de una clase política que, ante la crisis, prefiere el salto al vacío que la resistencia interna.

​El diputado Yunes Landa fundamentó su salida en una verdad que pocos se atreven a negar en voz alta dentro del PRI; la gestión del dirigente nacional, Alejandro “Alito” Moreno ha transformado al partido en una suerte de propiedad privada, y lo acusa de “cacique” y de la pérdida de ruta política que, no es nueva, pero viniendo de un hombre que ha ocupado casi todas las sillas posibles gracias a esas siglas, el reclamo adquiere un sabor agridulce.

​Si bien es cierto que la dirigencia nacional ha sido señalada por asfixiar a la militancia, cabe preguntarse: ¿Es la renuncia una postura ética o un reconocimiento de que ya no hay más espacio para el beneficio particular o personal?

​Uno de los puntos más rescatables de la larga trayectoria política de Yunes Landa es, precisamente, la ausencia de escándalos de corrupción en un partido que hizo de ellos su marca registrada, sin embargo, en la política, la experiencia no siempre compensa la falta de tacto estratégico.

​Hoy, el PRI no libra una batalla por puestos, sino por su propia supervivencia, en este contexto, la unidad no era una sugerencia, era un imperativo de subsistencia, al abandonar el barco en medio de la tormenta, Héctor Yunes Landa envía un mensaje de claudicación que afecta más a la base que se queda, que al dirigente al que intenta castigar con su salida.

​No se puede ignorar que el partido lo “cobijó” y le otorgó plataformas políticas envidiables tanto en el ámbito federal como en su natal Veracruz, renunciar ahora, alegando que “no le gusta lo que pasa”, parece una lectura tardía de una realidad que lleva años gestándose.

La oposición requiere bloques sólidos, no fragmentaciones que faciliten el camino al oficialismo, tras 40 años, los vicios del partido no nacieron ayer; la pregunta es por qué hoy resultan intolerable, Yunes se va limpio de actos de corrupción, pero con el estigma de haber dejado a su partido en su hora más oscura.

​La renuncia de Héctor Yunes Landa es el cierre de un ciclo, pero también una lección sobre la lealtad en tiempos de escasez, criticar a “Alito” de impresentable y de cacique es fácil y, posiblemente, necesario; lo difícil era reformar al PRI desde sus cimientos, Yunes prefirió la salida de emergencia, dejando atrás un partido que le dio todo, pero al que él, en el momento de mayor necesidad, decidió no darle el beneficio de su permanencia.

​Al final, la historia juzgará si fue un acto de dignidad frente al autoritarismo o simplemente la última retirada de quien sabe que, en el PRI de hoy, ya no queda nada por repartir. Al tiempo.