Pedro Miguel Rosaldo: Cambiar la imagen de la ciudad desde la reestructuración financiera.

Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 21 de julio de 2026.

Durante años, la política en Coatzacoalcos ha inoculado un veneno disfrazado de resignación, si, aunque usted no lo crea, se volvió normal escuchar en el mercado, en el taxi o en la sobremesa la infame sentencia: “robó, pero hizo algo”, la figura de ex alcaldes como Marcelo Montiel, han quedado cincelada en la memoria colectiva bajo ese horrible tufo del pragmatismo podrido.

Obras a cambio de impunidad, dádivas a cambio del saqueo descarado para vivir como millonarios, los ciudadanos se han acostumbrado tanto a la rapiña que el cinismo se convirtió en el estándar de la gestión pública, por eso, cuando la norma ha sido la desfachatez, la honestidad administrativa se siente como una ofensa.

​Mire, la administración municipal que encabeza el alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo García, dio una nota que a muchos críticos les atragantó el discurso, a siete meses de haber iniciado su gestión, se entregaron 10 patrullas y cuatro ambulancias para el municipio.

Hasta ahí, podría parecer el clásico evento de una pasarela política, del discurso de siempre, sin embargo, el dato de fondo que rompe la narrativa, es que cuatro de esas patrullas y la totalidad de las ambulancias, se adquirieron con recursos propios.

​Por primera vez, podría decirse, un gobernador, en este caso, una gobernadora, Rocío Nahle, tomó una buena determinación al haberse decidido por alguien como Pedro Miguel Rosaldo García, un hombre que está entregando resultados sin tanto alarde, los datos, los números y las acciones de gobierno ahí están.

Hoy el dinero recaudado de lo que el ciudadano paga día a día, por ejemplo, en el caso del uso del transbordador a Villa Allende, o por los trámites en los panteones, es decir, por aquellos cobros municipales ordinarios, no se fueron a los bolsillos de un funcionario, ni a financiar campañas futuras.

Es simple, cuando la caja chica deja de ser el botín del alcalde, el dinero alcanza, Coatzacoalcos quedó físicamente destrozado, financieramente esquilmado y saqueado por las anteriores administraciones.

​La crítica contra Pedro Miguel Rosaldo ha sido feroz, visceral, se le exige inmediatez a quien recibió una ciudad en ruinas, se le pide, como a David Coperfield, actos de magia, a quien apenas lleva siete meses limpiando el desastre acumulado por años.

​La visión política de Rosaldo García es cambiar la imagen urbana desde la reestructuración financiera de fondo, los retos de Coatzacoalcos son gigantescos, pero negar que la ciudad ha comenzado a respirar otro aire, es aferrarse a un ciego escepticismo.

​El mayor reto del alcalde no es solo atender y ayudar a los más necesitados, darle más ambulancias a los ciudadanos, o equipar a la policía municipal; su verdadera batalla es cultural, Pedro Miguel Rosaldo no quiere pasar a la historia bajo el mediocre consenso del “robó pero hizo”, al que están acostumbrados escuchar los ciudadanos.

La meta del alcalde es devolver la dignidad a la figura del presidente municipal, con rendición de cuentas sin alardes, aplicando la austeridad no como bandera electoral, sino como herramienta de administración para darle a Coatzacoalcos lo que se merece, hoy los impuestos no se están transformando en ranchos ni en cuentas en el extranjero como sucedió con algunos ex alcaldes.

​Aquellos que no quieran ver el cambio de rumbo están en su derecho, pero para el ciudadano de a pie, el que cruza diariamente en el transbordador, ver que su moneda de cambio hoy se traduce en una ambulancia de emergencia para su familia en Villa Allende, o para el poniente de la ciudad, vale más que mil discursos de campaña.

Coatzacoalcos ya no está para tolerar saqueadores “eficientes”, hoy exige administradores honestos, y los resultados están hablando más fuerte que el ruido de la oposición qué, para colmo, busca politizar las elecciones extraordinarias tanto en Colorado como en Guillermo Prieto, cuando estas dependen de los tiempos del Congreso del Estado, y no de los Tribunales Federales donde buscan descargar sus frustraciones políticas. Al tiempo.