Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 10 de septiembre del 2026.
En la política existen personas cuya incapacidad no solo destruye instituciones, sino que arrastra consigo cualquier discurso de “humanismo”, el caso de Roberto Ramos Alor en el IMSS-Bienestar, es la radiografía de cómo la negligencia y la ineptitud es premiada y encumbrada sobre los enfermos.

Dar por terminada una reunión sobre el desabasto crítico de medicamentos con la prepotencia, el desparpajo y la actitud grotesca de quien apura, en medio de una borrachera el último trago de una cerveza en una cantina, no es solo una falta de respeto al personal médico; es una mentada de madre para los pacientes que se debaten entre la vida y la muerte.
La respuesta que vimos de Ramos Alor, titular del IMSS-Bienestar en Veracruz, ante la falta de insumos elementales como anestésicos para cirugías de urgencia, por citar un ejemplo, y el cinismo de contestar de manera tan absurda como ruin: “No operen”, con la ligereza de quien no padece ni siente el dolor ajeno, es prácticamente condenar a enfermos de próstata, cataratas o cualquier emergencia quirúrgica, a una espera indefinida, sin importar si el cuerpo resiste o no.

La cobardía de Roberto Ramos Alor, diputado federal con licencia, no se detiene en la apatía y la indiferencia.
Ante el reclamo legítimo de los médicos residentes, el funcionario sacó el arma del chantaje al amenazar con reprobarlos y truncar sus carreras si se atreven a señalar que los hospitales carecen de los insumos básicos, obligar al personal de salud a trabajar con las manos vacías bajo amenaza de represalias, no es una gestión pública honesta; es el garrote institucional.
El pueblo veracruzano había descansado cuando supo que ya se había ido a inflar burros por la quinta pata al congreso federal, pero por alguna razón, la Presidenta Claudia Sheimbaum, lo nombró director general del IMSS-Bienestar en Veracruz.
Su nombramiento levantó preocupación, y es que durante el sexenio del ex gobernador, Cuitláhuac García Jiménez, dejó una estela nefasta al frente de la Secretaría de Salud de Veracruz, nadie olvida las toneladas de medicamentos que se dejaron caducar y pudrir en las bodegas oficiales mientras familias de niños con cáncer clamaban por un tratamiento.
Que un perfil con este antecedente ocupe hoy una responsabilidad clave en el IMSS-Bienestar, no sólo ignora el dolor de muchos pacientes y sus familiares, sino que socava directamente la credibilidad de las instituciones de salud.
Mientras la gobernadora Rocío Nahle busca consolidar su proyecto, y la presidenta Claudia Sheinbaum abandera el “humanismo mexicano”, la presencia de figuras como Ramos Alor, convierte la narrativa oficial en una burla trágica.
Por cierto, la jefa del ejecutivo estatal ha dicho que intervendrá en este asunto que coloca nuevamente a Roberto Ramos Alor como uno de los personajes más incómodos, y aunque “el doctor” ha salido a pedir disculpas por su comportamiento ante el personal médico, lo cierto es que los veracruzanos esperan su renuncia a la brevedad.
El propio secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, ha tenido que reconocer con pragmatismo la realidad del desabasto; sin embargo, en el terreno operativo, Ramos Alor prefiere la bravuconería antes que la resolución de crisis.
Mantener a Roberto Ramos Alor en el cargo representa un costo político insostenible para la administración estatal, cada paciente sin cirugía, cada médico amenazado, y cada hospital con desabasto, cargan a la cuenta de un gobierno que no puede permitirse que la incompetencia de un funcionario arrastre la credibilidad institucional.
En fin, la salud pública no se debe administrar con desplantes de cantina ni con amenazas de escritorio, porque quien da la cara por la institución son los médicos y el personal administrativo, son ellos los que reciben los insultos de la gente, si un funcionario piensa o considera que la vida de las personas es prescindible, debe irse ya. Al tiempo.

