Desde la amenaza de Donald Trump de imponer un arancel del 25% a los productos mexicanos, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha dado pasos contundentes para mostrar que México está lejos de permanecer inactivo.

En apenas dos días, el gobierno de Sheinbaum ha enviado señales claras a Washington:

El decomiso histórico de más de una tonelada de fentanilo en Sinaloa, suficiente para producir 20 millones de dosis.

El traslado de Omar García Harfuch a Sinaloa, con el mandato de reducir la violencia y retomar el control en una de las regiones más conflictivas del país.

Estos movimientos no solo redefinen la política de seguridad nacional, sino que marcan el fin simbólico del enfoque “abrazos, no balazos” que caracterizó al sexenio anterior.

Un golpe histórico al narcotráfico

El decomiso de más de una tonelada de fentanilo por parte de la Marina representa un hito en la lucha contra el narcotráfico en México. Valorado en cerca de 8 mil millones de pesos, el operativo golpea directamente las finanzas del cártel liderado por Isidro Meza Flores, conocido como “El Chapo Isidro”, y vinculado a los Beltrán Leyva.

Impactos clave del decomiso:

  • Económico: Debilita las operaciones del cártel en uno de los negocios más lucrativos del narcotráfico.
  • Político: Refuerza la imagen de México como socio confiable para Estados Unidos en la lucha contra el fentanilo.
  • Mediático: Envía un mensaje claro a Trump, quien ha cuestionado la efectividad de las políticas mexicanas en seguridad.

Harfuch en Sinaloa: el gobernador de facto

El anuncio de que Omar García Harfuch, secretario de Seguridad federal, se mudará temporalmente a Sinaloa marca un giro radical en la estrategia de seguridad. Su misión: reducir la violencia y desarticular las estructuras criminales que operan en el estado.

El precedente de Michoacán:La medida recuerda la intervención federal en Michoacán en 2014, cuando Alfredo Castillo fue enviado como comisionado para enfrentar la crisis de seguridad. Aunque no es un modelo idéntico, la decisión subraya el nivel de gravedad en Sinaloa y la necesidad de tomar el control directo del estado.

El impacto político:

  • Desafío al gobernador Rubén Rocha Moya: La llegada de Harfuch sugiere que la administración estatal no ha logrado contener la situación, lo que podría derivar en cambios de liderazgo.
  • Confianza de Estados Unidos: Harfuch cuenta con el respaldo de sectores clave en Washington, lo que fortalece las relaciones bilaterales.

Un cambio en el enfoque de seguridad

Las acciones recientes de Sheinbaum marcan el inicio de una nueva etapa en la política de seguridad nacional. Con más de 5 mil detenciones en apenas dos meses de gobierno, el mensaje es claro: México busca ser un socio firme para Estados Unidos y recuperar el control de territorios dominados por el crimen organizado.

Lo que significa el fin de “abrazos no balazos”:

  • Mayor presión militar y policial sobre los cárteles.
  • Un enfoque más agresivo en decomisos y operativos.
  • La intención de consolidar a México como un actor clave en la lucha contra el tráfico de drogas sintéticas.

México y las negociaciones con Trump

Con Trump regresando a la Casa Blanca, las tensiones comerciales y de seguridad entre México y Estados Unidos están lejos de terminar. Sin embargo, las acciones de Sheinbaum en los últimos días la posicionan de manera estratégica para enfrentar las negociaciones con argumentos sólidos y resultados tangibles.

Claves para el futuro:

  • La efectividad de Harfuch en Sinaloa será un punto crítico para evaluar el éxito de esta nueva estrategia.
  • El fortalecimiento de la relación con Estados Unidos dependerá de mantener el ritmo en decomisos y operativos.
  • El discurso de seguridad deberá equilibrarse con una narrativa de respeto a los derechos humanos para evitar críticas internas.

En un contexto donde cada movimiento cuenta, Sheinbaum apuesta por resultados contundentes para marcar un antes y un después en la seguridad de México.