El desprecio en el congreso: caballos de honor y políticos de paja.
Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 25 de abril del 2026.
A quinientos años de que los primeros cascos golpearan la tierra de Zempoala, marcando un hito histórico y cultural en Veracruz, la historia parece no importarle a nadie.

La reciente visita de la comunidad ecuestre a la Cámara de Diputados de Veracruz no fue solo un acto de presencia; fue un recordatorio de que las tradiciones son el alma de un pueblo, lamentablemente, se toparon con una pared en forma de cristal; legisladores que ven más por su futuro en la encuesta que por el pasado y presente de sus representados.
Es una ironía dolorosa que quienes dicen ser “representantes del pueblo” abandonaran el Salón del Pleno justo cuando el sector ecuestre se disponía a fijar su postura, este gesto cínico no es una simple coincidencia de agenda; es un síntoma de una patología política que padece nuestra entidad.
Los diputados locales parecen estar más concentrados en el ajedrez sucesorio del 2027, que en el estruendo de los caballos que exigen reconocimiento como Patrimonio Cultural.

Bajo las directrices de la gobernadora Rocío Nahle, la “fiebre de las encuestas” ha nublado la visión de los diputados, hoy, el servicio público está convertido en una pasarela para el siguiente cargo, y ante esto, el ciudadano deja de ser una prioridad para convertirse en una estadística estorbosa.
Los integrantes del sector ecuestre no pedían dádivas, buscaban apoyo para el fomento al turismo ecuestre, un motor económico que une la tradición con la sustentabilidad, ignorar a este gremio es ignorar una veta de desarrollo para el estado, mientras los legisladores se pelean por privilegios y cuotas de poder, desprecian una actividad que genera empleos y preserva la identidad veracruzana.
El respeto se gana con la escucha, pero en el Congreso de Veracruz, desgraciadamente, el oído está cerrado para todo lo que no huela a campaña electoral.
No debemos olvidar el origen del poder; los impuestos, esos “enormes salarios” y los privilegios de los que gozan los diputados no son gratuitos, son un contrato social que exige, como mínimo, la decencia de escuchar, ver el recinto legislativo vacío ante la llegada de la gente de a caballo es un insulto a la dignidad de quienes trabajan la tierra y mantienen viva la herencia de Cortés y de los jinetes mexicanos.
Veracruz no necesita de diputados aplastados en sus curules, y que huyen cuando el pueblo alza la voz, necesitamos representantes con la misma templanza y gallardía que aquellos que montan a caballo.
Si los diputados actuales no son capaces de bajarse de su pedestal de soberbia para atender a la tradición, quizá el pueblo, en ese 2027 que tanto les obsesiona, decida que es momento de que ellos también abandonen definitivamente el recinto legislativo. Al tiempo.


