Contraesquina Política:
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 13 de mayo del 2026.
La política en Veracruz no conoce de gratitudes, solo de conveniencia, acuerdos y negociaciones.
La presunta salida de Juan Javier Gómez Cazarin de la Delegación Federal de los Programas Sociales en el estado no es un simple acomodo de piezas en el tablero; es, por donde se mire, el error estratégico más costoso que el grupo en el poder podría cometer en este momento, un “ajuste” de cuentas que en nada ayuda al proyecto transexenal de la gobernadora Rocío Nahle.

No hay que engañarse, ciertamente nadie es indispensable, pero Gómez Cazarín no es un funcionario más, es el arquitecto de una estructura que respira y opera en cada rincón del estado, mientras otros se desgastan en la burocracia dorada de Xalapa, el ex diputado local demostró una capacidad de construcción territorial que hoy, paradójicamente, lo convierte en el “enemigo a vencer” para quienes comparten su mismo color partidista.

La lectura es clara; le temen a su fuerza, lo ven como el obstáculo principal para los planes transexenales de quienes hoy ostentan el mando, intentar quitar de en medio al “chaparrón” Cazarin, un personaje qué ha demostrado habilidad y capacidad en el manejo político, es una apuesta de alto riesgo que podría terminar fracturando el proyecto político estatal de cara al próximo sexenio, sería un error político de graves consecuencias.
En todo esto es imposible no conectar varios puntos, entre ellos el espaldarazo público que recibió hace unos días Cuitláhuac García Jiménez, actual director del Centro Nacional de Gas, por parte de la presidenta Claudia Sheimbaum en “la mañanera”, esto cambió la narrativa, aquellos que ya imaginaban al “atarantado” ex gobernador con un pie en el banquillo de los acusados por presuntos desvíos y daño patrimonial, vieron cómo su grupo se fortalecía, pero…, siempre el pero que no falta.


Ese mismo respaldo que cerró bocas y que blindó a García Jiménez contra cualquier persecución política, parece ser el mismo que ahora empuja a Gómez Cazarín rumbo a su “salida” de los Programas Sociales, una salida que, en todo caso, por la estatura política que representa, tendría que traer una posición legislativa que, irremediablemente, lo vuelve a colocar en la rampa de lanzamiento hacia la gubernatura, o sea, si se da su salida, de todos modos, caerá parado, a menos que lo orillen a irse a otra trinchera política.
El “carón” está en la mira del grupo en el Poder por algo muy simple; su estructura está a todo lo largo y ancho de Veracruz, en todos lados, es una maquinaria que no se explica sin su operación directa, un engranaje que no camina sin el aceite adecuado.

La posible llegada del subsecretario de gobierno, -así lo están manejando-Juan Manuel Pozos Castro, a la Delegación Federal no es una casualidad técnica, sino una maniobra de supervivencia política de quienes no han sabido entregar resultados por su incapacidad política.

Ante el evidente desgaste que ha sufrido el equipo cercano de la gobernadora Rocío Nahle, necesitan un operador que responda ciegamente a sus intereses, por ello, intentan heredar una estructura que, hay que decirlo, difícilmente se traspasa por herencia o por decreto.
Sin embargo, quien tiene la última palabra en este juego de sombras debe entender una cosa; quebrar a Juan Javier Gómez Cazarin es quebrar la estabilidad del propio movimiento en Veracruz, ponerle piedras en el camino al delegado no es un acto de autoridad, es un acto de inseguridad política. Al tiempo.
