Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 25 de mayo del 2026.

​En la política serrana, donde las aguas suelen ser turbulentas y los intereses de grupo son perversos, la mejor defensa de un gobernante no son los discursos salomónicos, sino los hechos contables y medibles.

Lo que hoy se vive en Tatahuicapan es una muestra clara de que, mientras algunos insisten en formar juicios de paja y apostar al tropiezo, en el municipio se responde con infraestructura y gobernabilidad, cinco meses han bastado para demostrar que el oficio político no se compra; se ejerce.

​La reciente entrega del nuevo parque vehícular, que incluye una pipa de agua, un camión recolector de basura compactador, y una ambulancia equipada, no es un asunto menor, ni un simple acto de relumbrón, es en el fondo, una bofetada con guante blanco para todos aquellos detractores que ya festejaban, antes de tiempo, una caída que solo existía en sus febriles mentes.

Administrar los recursos públicos con transparencia en tiempos de vacas flacas y, además, canalizarlos directamente a las demandas más sentidas de la población, como salud, agua y limpia pública, es una fórmula que a muchos les duele ver ejecutada con éxito.

​El mérito de Vladimir González Martínez no radica únicamente en la gestión de estos activos, sino en la capacidad de mantener el rumbo en medio de un fuego cruzado que pretendía inmovilizarlo, desde las sombras del poder le han colocado cuanta piedra han encontrado en el camino.

Quisieron asfixiarlo políticamente, al grado qué hasta le tomaron el Palacio Municipal, dio la cara, y salió al frente para destrabar el conflicto orquestado desde una oficina del palacio legislativo qué tenía como intención tumbarlo del caballo, pero el tiro les salió por la culata, y con mayor ímpetu, y una evidente madurez en el ejercicio público, el alcalde ha sabido sortear las tempestades de un municipio históricamente complejo, donde la ciudadanía no se anda con rodeos y vigila con lupa cada centavo y cada movimiento de sus autoridades.

​Gobernar la sierra de Tatahuicapan exige carácter, oído atento para el pueblo, y mano firme frente a las mafias políticas que se resisten a perder cotos de poder.

La adquisición de esta infraestructura es el reflejo de que las prioridades de campaña no se quedaron en la retórica barata del aplauso fácil, se están traduciendo en realidades operativas, la pipa de agua aliviará la crisis en los sectores críticos durante el estiaje, el camión optimizará la salud ambiental y la ambulancia salvará vidas en comunidades que por años han padecido el olvido, eso es saber canalizar y optimizar los impuestos de la gente.

​Hoy, la confianza que se percibe en el ánimo social de Tatahuicapan son el termómetro real, no las encuestas pagadas ni los amagos de escritorio.

A quienes ya se relamían los bigotes apostando al fracaso de esta administración, el liderazgo de González Martínez les ha callado la boca de la manera más contundente: trabajando.

El desarrollo y el crecimiento de este importante municipio serrano avanza, guste o no a los enemigos del progreso local, hay rumbo, hay capacidad y, sobre todo, hay un gobierno que demuestra que el pueblo no se equivocó al elegirlo. Al tiempo.