Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 14 de octubre del 2026.
En México el miedo se ha vuelto rutinario, y la indignación prácticamente de consumo diario, la brecha entre la agenda política del “nuevo” régimen y la realidad de los ciudadanos nunca había sido tan abismal.

Mientras México se desangra bajo la sombra incesante del crimen organizado y las calles se llenan de manifestaciones y protestas de trabajadores de la salud que claman por insumos básicos para salvar vidas, la prioridad en la cúpula del Poder es el reparto de cuotas, la designación de coordinadores y la preparación de la maquinaria electoral.

Resulta difícil asimilar la frialdad con la que la dirigencia de Morena y el propio Gobierno Federal gestionan sus prioridades.
En los pasillos del partido oficialista no se discuten estrategias de contención de la violencia, mucho menos mecanismos de emergencia para abastecer de insumos básicos a los hospitales públicos, lo que urge en la agenda de los que llegaron con el cuento de que eran diferentes, es definir quiénes ocupan las coordinaciones estatales y distritales que, en la práctica, representan las candidaturas del mañana.

La indolencia de quienes gobiernan no es una omisión involuntaria, sino una decisión política.
Frente a este desastre, la actuación de la presidenta Claudia Sheinbaum refleja la continuidad de un guión que ignora el clamor social, la retórica oficial apela a la “transformación” y al “bienestar”, pero en la práctica, la respuesta institucional ante el luto nacional, la corrupción, la impunidad, y la crisis sanitaria, es el silencio estratégico, o la minimización del conflicto.

Para comprender la magnitud de esta insensibilidad, basta con contrastar lo que ocurre en las calles con lo que sucede en la cúpula del partido en el poder.
En las calles familias enteras pierden a sus seres queridos a manos de la delincuencia organizada, los políticos acumulan fortunas al amparo del Poder, mientras médicos, enfermeras y pacientes se ven obligados a marchar porque los hospitales y quirófanos carecen de lo más elemental para cubrir una receta, operar a un paciente, o tener una cama disponible para el enfermo.

Allá, donde se reparte el Poder hay un despliegue y un dispendio de recursos económicos para los operadores encargados de garantizar la continuidad territorial del Partido, y blindar su hegemonía en gubernaturas y diputaciones.
El gobierno no solo debe administrar los presupuestos, debe asumir la responsabilidad y la protección de los gobernados, cuando la gestión pública subordina el derecho a la salud y la seguridad a la estrategia partidista, el pacto social se quiebra. Lo estamos viendo.

No se puede gobernar con efectividad cuando la prioridad es la siguiente elección y no la siguiente generación con mejores condiciones sociales.
La indiferencia ante la sangre derramada, y el dolor de quienes buscan a sus desaparecidos, o se clama por un simple medicamento, no se borra con discursos ni con triunfos electorales. Al tiempo.
