A paso lento, apoyado con un bastón y cargando una bandeja de pan dulce en la espalda, Isabel Zárate Sánchez mejor conocido por las personas como “Chabelo” recorre diariamente las calles de Agua Dulce para vender su mercancía.

Con más de 70 años de edad y severos problemas de movilidad, este hombre sobrevive con lo poco que gana vendiendo pan a conocidos y vecinos.

El pan le es entregado cada mañana por una panadería local, y él lo ofrece de casa en casa, cargando una caja de plástico que sostiene con una mano, mientras con la otra se apoya para no caer. A pesar de sus limitaciones físicas, llega hasta zonas lejanas como la colonia El Suspiro, donde tiene varios clientes, incluso en la parte más alta de una empinada pendiente que le exige un gran esfuerzo.

SOLO Y SIN AYUDA

“Chabelo” fue petrolero en su juventud y también sirvió como policía municipal durante una década, hasta que la edad y las enfermedades lo obligaron a dejar la corporación. Actualmente vive solo, sin ningún tipo de apoyo social ni familiar.

Tuvo dos hijos, pero dice no saber nada de ellos. Reconoce que no fue un padre ejemplar, y asume que por esa razón nadie lo busca. Lo mismo ocurrió con su pareja, quien lo dejó hace muchos años “para buscar su felicidad con otro hombre”, como él mismo dice sin rencor.

“No me siento triste. Viví lo que me tocó, cometí errores, pero también hice cosas buenas. Lo único que pido es que si me ven vendiendo pan, me compren, eso es lo único”, comparte con serenidad.

A pesar de las dificultades, Chabelo mantiene la frente en alto. No se queja, solo pide una oportunidad más para seguir adelante, sin lástima, sin caridad, solo con respeto.