Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 21 de abril del 2026.

La retórica morenista de la pureza política suele estrellarse estrepitosamente contra la realidad de las cifras, el caso de Elías Calixto Armas, ex subsecretario de Educación Media Superior y Superior en Veracruz, no es solo un escándalo administrativo; es la imagen de una traición sistemática a los principios de “no robar, no mentir y no traicionar”, que en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, parecen haberse convertido en simples eslóganes de campaña, convenientemente olvidados ante la oportunidad del enriquecimiento ilícito.

​La UPAV, una institución con una vocación social noble, diseñada por el maestro Guillermo Zuñiga Martínez, para dar luz a quienes el sistema educativo tradicional había dejado en la sombra, hoy se encuentra en el centro y ejemplo de corrupción de un gobierno encabezado por Morena.

La salida de Calixto Armas de la SEV por el caso de corrupción de la UPAV que lo embarra, no fue una transición institucional, fue una huida.


Tras de sí, queda un rastro de irregularidades financieras que sugieren que su paso por la subsecretaría tuvo un objetivo ambicioso y vulgar, más que pedagógico, la colocación de piezas incondicionales, cuya única credencial fue la eficacia para el “saqueo”.

​Es particularmente grave la red de protección que, se presume, facilitó este escenario, la cercanía de Calixto con la titular de Educación, Claudia Tello, plantea interrogantes incómodas sobre la vigilancia interna. ¿Cómo es posible que las arcas de la UPAV fueran vaciadas con cerca de 115 millones de pesos, mientras maestros esperaban y siguen esperando pagos devengados, y alumnos denuncian la “desaparición” de sus cuotas en el limbo de la burocracia?

La corrupción aquí no es un concepto abstracto; tiene rostro en el docente que no puede llevar el sustento a casa y en el estudiante cuyo esfuerzo económico no se refleja en su historial académico, y que por ello no pueden titularse.

​La reacción de la gobernadora Rocío Nahle, al exigir renuncias y devoluciones, es un gesto de control de daños necesario, pero insuficiente si no viene acompañado de una procuración de justicia real.

El hecho de que hoy existan lonas en diversos puntos del estado ofreciendo recompensa de 350 mil pesos por el paradero de Calixto Armas, es un síntoma de una sociedad que, ante la lentitud de las instituciones, opta por la denuncia pública y el escarnio.

​Sin embargo, el guión del chivo expiatorio no desaparece, y parece estarse escribiendo nuevamente.

Mientras los verdaderos protagonistas del saqueo ponen “tierra de por medio”, la soga suele romperse por lo más delgado: funcionarios menores que pagan atrás de unos barrotes de una celda, las consecuencias de órdenes superiores.

Veracruz no necesita más simulaciones ni “renuncias exigidas” que terminan en el exilio dorado de los responsables, la verdadera transformación de la vida pública exige que la UPAV sea rescatada de las garras de quienes vieron en la educación no un derecho, sino un botín personal, si el dinero no aparece, la impunidad será el sello definitivo de este desfalco a la inteligencia y al futuro de los veracruzanos.

Finalmente, la pregunta obligada, ¿cuántos Calixtos más existen en el gabinete de la gobernadora Rocío Nahle? Al tiempo.