Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 8 de abril del 2026.
La política veracruzana nos tiene mal acostumbrados al cinismo, pero lo ocurrido recientemente en Pajapan, Tatahuicapan y otros municipios serranos, rebasa los límites de la decencia elemental, el flamante presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Congreso del Estado, Esteban Bautista Hernández, calculó que el hambre de sus “hermanos” indígenas y pescadores vale exactamente lo que cabe en una bolsa de plástico: una despensa raquítica.

Resulta insultante que, mientras los pobladores claman por una indemnización justa tras el desastre ecológico originado por el derrame de hidrocarburos que aniquiló su sustento en plena Semana Santa, el diputado, junto con la presidenta de la Mesa Directiva del Congreso, Naomi Santos, se presenten con migajas.
El contraste es, por decir lo menos, obsceno, la economía local de aquellos que viven de la pesca y el turismo se encuentra prácticamente en coma, sin ingresos por la contaminación causada por el derrame de hidrocarburos, pero en el congreso hay una opaca y generosa partida presupuestal-la 4000-que pone a disposición de la Jucopo un contenedor de dinero de más de 800 millones de pesos.

Este recurso, manejado-nos dicen nuestras fuentes del Congreso-con total discrecionalidad y sin rendición de cuentas, parece tener destinos muy claros: la operación política, el mantenimiento de lealtades y el confort de la élite legislativa, sin embargo, cuando se trata de resarcir el daño a quienes viven del mar, el presupuesto “se agota” y se transforma en un kilo de arroz, aceite, y frijol con gorgojo.
Llama la atención la selectividad geográfica del diputado, pasó más de un mes para que Bautista Hernández se acordara del derrame, quizá su amnesia temporal se deba al trago amargo de las urnas; no hay que olvidar que en su natal Tatahuicapan sufrió una estrepitosa derrota, perdiendo incluso en su propia casilla.
Lo de él es la narrativa clásica del ascenso al poder, ayer, como candidato suplicaba el voto casa por casa, prometiendo ser la voz de los desposeídos, de los olvidados, hoy, el diputado se rodea de lujos y se pasea con la suficiencia de quien se cree un rey, olvidando que el Poder es prestado y se termina, que su corona es de papel, y que su trono se sostiene con los impuestos de aquellos a quienes hoy ignora y desprecia.

Utilizar la precariedad de la gente después de más de un mes de estar pidiendo ayuda, para una foto con despensas que no alcanzan ni para cubrir las necesidades de 24 horas, raya en el cinismo institucional, no se puede hablar de transformación cuando la respuesta ante una crisis ambiental y económica es la caridad en lugar de la justicia social.
El abandono a las zonas serranas desde que llegó al Poder no se puede recuperar con una foto con los más necesitados, con esto, Esteban Bautista envía un mensaje claro; para los pescadores y la gente que vive del turismo en la zona serrana hay despensas de miseria, para el ejercicio del poder hay millones sin “dueño.
Finalmente, el problema es que el hambre de justicia no se sacia con una bolsa de víveres, y la memoria del pueblo, aunque a veces tarda, suele cobrar las facturas en el momento más inoportuno para los soberbios. Al tiempo.


