Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 23 de abril del 2026.
La política en Veracruz nunca ha sido apta para cardíacos ni para pieles sensibles, pero lo que hoy ocurre en Tatahuicapan trasciende el ámbito regional para convertirse en un síntoma alarmante de descomposición democrática orquestado desde la cúpula del Poder.

El municipio se ha convertido en el tablero de una batalla desigual, de un lado, una administración que intenta gestionar bajo el mandato que los ciudadanos le dieron en las urnas, del otro, los estertores de un cacicazgo herido que, ante la falta de votos, ha decidido echar mano del caos, el porrismo y la revancha institucional para desestabilizar al gobierno municipal.
El alcalde Vladimir González no solo gobierna contra las carencias presupuestales y contra enemigos dentro del propio gobierno, sino contra un boicot burdamente diseñado desde el rencor de aquellos que no logran pasar el trago amargo de la derrota electoral qué les propinó el pueblo.

Es una verdad de perogrullo-o debería serlo-que en democracia el que gana gobierna y el que pierde espera, sin embargo, en la lógica del poder rancio, la derrota no se asimila, se venga, la estrategia es tan vieja como ruin, se trata de utilizar cualquier coyuntura, en este caso, la disputa por el hecho de que Soteapan utilice el basurero municipal, para movilizar a grupos de choque y manipular-buscando sacar provecho-el sentir de los ejidatarios donde se asientan estos terrenos.
Resulta grotesco y de burla observar el desfile de figuras recicladas y desacreditadas que encabezan estas movilizaciones, personajes como Gonzalo Bautista Hernández, alias “Palma de Coco”, cuyo paso por la política es más recordada por la inoperancia y la ineptitud que por el servicio, pretendiendo hoy erigirse como redentores sociales, es la paradoja del pirómano que se ofrece como bombero: incendian la estabilidad del municipio para luego denunciar el humo.

Pero el asedio no termina en los límites municipales, la sombra del presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Esteban Bautista Hernández, se proyecta sobre Tatahuicapan con su peste inconfundible a “cobro de facturas”, en donde sin importarle descarrilar el proyecto de la gobernadora Rocío Nahle, divide a la población, y es que, él ahí ya no tiene nada que perder, y no le importa llevarse entre las patas a su jefa política.

El estrepitoso fracaso electoral de Esteban Bautista Hernández,-hermano de “ Palma de coco”-quien no pudo ganar ni su propia casilla, parece haber activado también un aparato estatal de presión hacia el Órgano de Fiscalización, la “misteriosa” desaparición de folios y expedientes de la Cuenta Pública 2024 de la gestión de Eusebio González Hernández, no es rigor administrativo, huele a una persecución política que busca manchar con tinta lo que se construyó con acciones y ayudas sociales de gobierno, y con mucha obra pública.

Intentar deslegitimar la continuidad que representa Vladimir González a través del sabotaje administrativo es un insulto a la inteligencia del ciudadano, la gente en la sierra tiene memoria; sabe distinguir entre la puerta abierta de una oficina y el puño cerrado de quien solo sabe incitar al desorden y al odio cuando pierde el control del presupuesto, y de la obra pública que ha sido el “modus vivendi”-así lo dicen los de tatahui-de quien preside la Jucopo.

Gobernar bajo este fuego cruzado exige una firmeza inquebrantable, si la actual administración mantiene la ruta de la inversión en obras prioritarias y el contacto directo con la base social, el ruido de los “personajes de caricatura” terminará por ser eso: una estridencia de fondo.

La pregunta que deben hacerse los ciudadanos de Tatahuicapan es ¿hasta cuándo se permitirá que los caprichos de un grupo desplazado sigan frenando el desarrollo de un pueblo que ya decidió, con el voto en la mano, sacudirse el yugo de un aprendiz de cacique qué, resultó un fracaso?


