Contraesquina Política.
Por: Fernando Martinez Plascencia.
Coatzacoalcos Ver., a 29 de mayo del 2026.

La retórica del “humanismo mexicano” y la pureza purificadora de la que tanto presumen los militantes de la llamada Cuarta Transformación se topa, un día sí y el otro también, con la terca realidad.

El discurso de que “no son iguales a los de antes” se desmorona a pedazos cuando se observa el actuar de personajes que, habiendo alcanzado una curul por mero azar o arrastre de siglas, terminan resultando peores que sus antecesores, el caso de la diputada local Victoria Gutiérrez Pérez es el más reciente y vergonzoso monumento a la incongruencia y la soberbia gubernamental.

​Nadie en Veracruz olvida las palabras de la legisladora desde la tribuna más alta del estado.

Su ya célebre ocurrencia de proponer el envío de cargamentos de café al planeta Marte no solo provocó la risa unánime y la burla nacional, sino que dejó en claro el nivel de una diputada que ha resultado sumamente ineficiente en su labor legislativa.

Mientras los ciudadanos enfrentan problemas reales de seguridad, economía y salud, la señora legisla para el cosmos, una productividad nula disfrazada de ocurrencias espaciales.

​Sin embargo, lo que parecía una simple anécdota de ineficacia y de palabras sin sentido, ha dado un giro oscuro y grosero.

La reciente denuncia pública de María Isabel Fernández Saldaña, ex presidenta municipal de Banderilla, ha terminado por poner al descubierto el verdadero rostro de la diputada Gutiérrez Pérez.

Fernández Saldaña, una respetable mujer de la tercera edad (70 años), quien se desempeñaba como empleada de la legisladora en el Congreso local, alzó la voz para denunciar una cadena de humillaciones, malos tratos e intimidaciones que rayan en lo inhumano.

​La acusación no es menor, la exalcaldesa denunció que durante siete meses, la diputada Victoria Gutiérrez le quitaba arbitrariamente 5 mil pesos mensuales de su salario, un “moche” operado desde la impunidad parlamentaria en contra de una adulta mayor que solo buscaba una oportunidad digna de trabajo.

Por si el despojo financiero y el maltrato psicológico no fueran suficientes, el desenlace de esta historia de abusos fue el sello de la casa, en enero pasado, la diputada le exigió la renuncia a la ex alcaldesa Fernández Saldaña, con un objetivo netamente mezquino; meter a su propia hija en la nómina del Congreso.

​Este descarado acto de nepotismo, sancionado con toda claridad por la ley, no es, por desgracia, un hecho aislado en el Palacio Legislativo, parece ser ya una práctica institucionalizada y tolerada en los pasillos del poder.

No hay que ir muy lejos, Esteban Bautista Hernández, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, predica con el mismo ejemplo al mantener a un par de sobrinos incrustados en la nómina legislativa con salarios de privilegio.

Cobran con la derecha mientras ensalzan con la izquierda una austeridad republicana que solo existe en el papel y en las mañanera, un discurso del cual nadie hace caso.

​¿Dónde quedó entonces el humanismo, el trato igualitario y el respeto a los sectores más vulnerables?

Victoria Gutiérrez ha quedado moral y políticamente desnuda ante los ojos de la sociedad veracruzana, quienes prometieron regenerar la vida pública terminan replicando y multiplicando las peores mañas del pasado, aderezadas con una preocupante dosis de cinismo y prepotencia.

​Ojalá que esa hipotética nave cargada de café veracruzano que la diputada pretendía enviar al espacio exterior lleve consigo un cargamento urgente de humildad, ética y vergüenza para los tripulantes de su propia bancada, porque si pretenden exportar su forma de hacer política al universo, tengan por seguro que hasta el aroma del café será rechazado por apestar a simulación, nepotismo y miseria humana. Al tiempo.