En medio de la devastación provocada por el doble terremoto en Venezuela, Héctor Méndez, conocido como el “Topo Mayor”, se convirtió en tendencia luego de negarse a enviar un mensaje político durante una entrevista. El veterano rescatista, fundador de Topos Azteca, rechazó la petición mientras encabezaba una misión de búsqueda en Caracas, reafirmando que su labor humanitaria no debe mezclarse con intereses partidistas. Su postura ha generado un intenso debate tanto en México como en Venezuela.
Para entender la firmeza de la postura de Héctor Méndez es necesario retroceder a las raíces de su vocación, la cual nació de una de las tragedias más dolorosas de la historia moderna de México.
Méndez eligió la profesión de rescatista tras el terremoto que sacudió la Ciudad de México en 1985. En aquel entonces, movido por la desesperación personal, se lanzó a la búsqueda de su propio hermano entre las ruinas de la capital; el éxito de hallarlo con vida transformó su destino y lo llevó a fundar el grupo Topos Azteca.
Desde ese momento ha dedicado 40 años de su vida a excavar entre los escombros de todo el mundo, ganándose el respeto de la comunidad internacional.
Su uniforme, cargado de parches y banderas de naciones como Haití, Italia, Argentina y Estados Unidos, es un testimonio de su itinerario por el dolor humano, símbolos que él considera “signos de fraternidad”.
Esta es, de hecho, su tercera intervención en territorio venezolano, tras acudir previamente para auxiliar durante el terremoto de Cariaco en 1997 y el deslave de Vargas en 1999.
Esta vasta experiencia es la que Méndez invocó cuando se sintió presionado por agentes externos durante su actual labor en Caracas, recordando que su misión no es diplomática, sino operativa.
El incidente en Caracas: “Soy rescatista, no político”
La controversia estalló durante una entrevista grabada por el medio Sports Venezuela en las zonas de desastre.
Según el relato de Méndez y las imágenes difundidas, una reportera de un medio de comunicación estatal le indicó que, antes de iniciar sus declaraciones frente a las cámaras, debía expresar un reconocimiento y agradecimiento a “su presidenta”.
Aunque el video no aclara si la periodista se refería a la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum Pardo, o a la autoridad encargada en Venezuela, Delcy Rodríguez, la respuesta del “Topo Mayor” fue contundente y carente de protocolos diplomáticos.
Méndez relató que arremetió verbalmente contra la comunicadora, cuestionando que alguien intentara dictarle las palabras a un hombre de su edad y trayectoria.
“Tengo 80 años y no me vas a venir a decir qué decir. No eres jefa, yo no soy político, soy rescatista“, fueron las palabras con las que el veterano rechazó la solicitud.
Si bien posteriormente ofreció disculpas por el tono empleado, mantuvo firme su postura de que nadie tiene derecho a imponer posicionamientos políticos a un voluntario que trabaja en condiciones extremas para salvar vidas.
Este episodio ha reavivado el debate sobre la independencia de los equipos de emergencia frente a los intentos de instrumentalización oficial durante crisis humanitarias.
La fractura de los Topos: una marca, dos visiones del rescate
El incidente en Venezuela no solo generó reacciones en el ámbito político, sino que provocó una respuesta institucional inmediata por parte de otros grupos de rescate mexicanos que operan bajo el mismo nombre.
La Brigada de Rescate Topos Tlatelolco A.C. emitió un comunicado oficial para deslindarse completamente de las acciones y declaraciones de Héctor Méndez.
En el documento, la organización aclaró que “El Chino” no pertenece ni representa a su agrupación, la cual cuenta con identidad legal propia y una marca registrada ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).
Esta desautorización pública busca evitar lo que los Topos de Tlatelolco denominan el “protagonismo mediático”, que, a su juicio, desvía la atención de lo verdaderamente urgente: las víctimas y sus familias.
Mientras el grupo de Méndez, Topos Azteca, se enfoca en una labor de búsqueda técnica y, a menudo, independiente, la Brigada Tlatelolco enfatiza la necesidad de una coordinación estrecha con las autoridades y el respeto a principios operativos que eviten disputas políticas.
Esta división interna subraya una tensión latente en el ecosistema de los grupos de rescate en México, donde la fama individual de figuras como Méndez choca, en ocasiones, con la estructura formal de otras asociaciones civiles.
La filosofía del Topo: entre la vida y la sepultura digna
Más allá de la política y las disputas de marcas, el trabajo que Héctor Méndez y su equipo realizan en Venezuela sigue un rigor técnico que él mismo describe con crudeza.
Los “Topos” reciben ese nombre porque, imitando a estos animales, excavan túneles entre los escombros para localizar personas atrapadas.
Sin embargo, Méndez explica que su enfoque no solo consiste en buscar sobrevivientes, sino también en recuperar los cuerpos de los fallecidos para entregarlos a sus familiares.
El proceso de recuperación es una tarea de paciencia infinita y respeto absoluto por la integridad del cuerpo.
Según Méndez, su grupo se dedica a liberar los cadáveres “enteros”, un trabajo que puede tomar varias horas para retirar cuidadosamente fragmentos de concreto de un solo miembro.
El objetivo final es brindar una “sepultura digna”, permitiendo que las familias venezolanas cierren su proceso de duelo en medio de una tragedia que ha golpeado profundamente a la sociedad civil.
Para el “Topo Mayor”, este compromiso con la dignidad humana es lo que justifica su presencia en el extranjero y lo que le da la autoridad moral para rechazar cualquier guion político que intente anteponerse al dolor de las víctimas.
El legado de un hombre de 80 años ante el desastre
Héctor Méndez llegó a Venezuela el pasado viernes 26 de junio acompañado por un grupo de rescatistas y perros entrenados, integrándose al esfuerzo internacional de más de diez países que han enviado ayuda, entre ellos El Salvador, Italia y Estados Unidos.
A pesar de su avanzada edad, su presencia en Caracas es una muestra de una resistencia física y mental forjada en algunas de las peores catástrofes de los últimos cuarenta años.
Su rechazo a las imposiciones de la prensa oficial ha sido interpretado por algunos como un acto de rebeldía y, por otros, como una firme defensa de la autonomía del voluntariado.
Al negarse a emitir un mensaje de agradecimiento político, Méndez dejó claro que, para él, la única prioridad en una zona de desastre es la necesidad de las víctimas y el derecho de la sociedad civil a organizarse sin tutelajes gubernamentales.
Mientras la búsqueda continúa entre las ruinas de una Caracas herida, la figura del Topo Mayor permanece como un recordatorio de que, incluso frente a la tragedia, hay quienes defienden la independencia de la labor humanitaria por encima de cualquier interés político.

